Un pastor cristiano de Colombia fue asesinado a golpes por integrantes de una banda criminal a la que había estado evangelizando en Cartagena, luego de negarse a prestarles su motocicleta al enterarse de que pretendían utilizarla para actividades vinculadas al narcotráfico.

La víctima fue identificada como Jesús Alberto Puerta Pérez, predicador de la iglesia independiente La Antorcha Encendida, quien además trabajaba como mototaxista para sostener a su familia.

El ataque ocurrió el 7 de octubre en Cartagena, departamento de Bolívar. Según información recogida por Christian Solidarity Worldwide, el pastor conocía a los hombres porque durante un tiempo había intentado acercarlos al Evangelio y en algunas oportunidades incluso les había prestado su motocicleta.

Esta vez decidió no hacerlo.

Se negó al conocer para qué querían la motocicleta

Personas cercanas al pastor le habían advertido que los miembros de la banda pretendían transportar drogas con el vehículo y que anteriormente ya lo habrían utilizado para cometer delitos.

Fuentes vinculadas al caso también manifestaron su temor de que los delincuentes intentaran involucrarlo deliberadamente en alguna actividad criminal utilizando una motocicleta registrada a su nombre.

Cuando Puerta Pérez se negó a entregársela, los hombres reaccionaron violentamente y lo golpearon hasta provocarle la muerte.

Hasta el momento no se han informado detenciones relacionadas con el asesinato.

Evangelizaba en zonas consideradas peligrosas

La muerte del pastor resulta especialmente dolorosa para quienes conocían el trabajo que realizaba en Cartagena.

Puerta Pérez acostumbraba recorrer sectores vulnerables de la ciudad para predicar entre personas en situación de calle y miembros de grupos criminales, incluso en barrios considerados peligrosos.

En lugar de limitar su ministerio al interior de una congregación, buscaba acercarse directamente a personas atravesadas por la violencia, las drogas y la marginalidad.

La banda cuyos miembros son señalados por su asesinato formaba parte precisamente de ese campo misionero.

Durante años, el pastor había intentado construir relaciones con personas que muchos preferían evitar, con la esperanza de que pudieran conocer a Cristo y abandonar la criminalidad.

Ocho años dedicados a la misión

Puerta Pérez y su esposa llevaban aproximadamente ocho años sirviendo como misioneros.

Antes de llegar a Cartagena, habían fundado una iglesia en María La Baja, municipio situado en la región de Montes de María, también en el departamento de Bolívar.

Sin embargo, el trabajo evangelístico comenzó a generar amenazas.

En diciembre de 2025, el matrimonio terminó abandonando la zona después de recibir intimidaciones relacionadas con la predicación del pastor.

Montes de María ha sufrido durante décadas la presencia de grupos armados ilegales, estructuras criminales y disputas territoriales.

La familia se trasladó entonces a Cartagena buscando continuar su ministerio en otro lugar.

Pero incluso allí Puerta Pérez comenzó a recibir nuevas advertencias.

Amigos y personas que preferían no identificarse le recomendaban insistentemente que tuviera cuidado debido al tipo de personas entre las que estaba ministrando.

Deja esposa y tres hijos

El pastor deja a su esposa y a tres hijos de 5, 6 y 12 años.

La mujer también tiene bajo su cuidado a sus padres ancianos, por lo que la muerte de su esposo deja a la familia frente a una situación especialmente difícil.

Christian Solidarity Worldwide pidió a las autoridades de Cartagena que realicen una investigación completa y transparente para identificar a todos los responsables del asesinato.

La organización también reclamó mayores medidas de protección para líderes religiosos que desarrollan su ministerio en regiones dominadas por grupos armados o bandas criminales.

Preocupación por la seguridad de pastores en Colombia

El caso se produce en medio de una creciente preocupación por los riesgos que enfrentan pastores y líderes cristianos en algunas zonas del país.

Organizaciones defensoras de la libertad religiosa sostienen que quienes predican en comunidades controladas por grupos criminales pueden terminar amenazados por cuestionar actividades ilegales, acompañar a víctimas o intentar apartar a jóvenes de las bandas.

En otro caso reciente, el pastor protestante José Otoniel Ortega, de 54 años, fue asesinado a tiros mientras se encontraba junto a su familia celebrando Año Nuevo en el departamento de Magdalena.

Ortega pertenecía a la Iglesia Cuadrangular y era un reconocido líder religioso de su comunidad.

Estos episodios han reavivado los pedidos para que los pastores que trabajan en territorios de alto riesgo puedan acceder a mecanismos específicos de protección.

Predicar donde otros no quieren entrar

La historia de Jesús Alberto Puerta Pérez muestra el costo que puede tener el ministerio cristiano en contextos atravesados por la violencia.

Había sido amenazado anteriormente.

Sabía que relacionarse con miembros de bandas implicaba riesgos.

Aun así, continuó predicando entre ellos.

Su asesinato no ocurrió mientras buscaba participar de sus actividades, sino precisamente después de negarse a permitir que su motocicleta fuera utilizada para aquello que consideraba incorrecto.

El pastor había dedicado años a acercarse a personas que vivían en ambientes criminales con un mensaje de transformación.

Finalmente, algunos de aquellos mismos hombres a quienes había intentado alcanzar con el Evangelio son señalados como responsables de su muerte.

Su familia y su iglesia esperan ahora justicia, mientras recuerdan a un hombre que decidió llevar el mensaje de Cristo a lugares donde hacerlo podía costarle la vida.