Dos iglesias cristianas fueron destruidas en pocos días por las fuerzas armadas de Myanmar en los estados de Chin y Kachin, regiones con una importante presencia cristiana y duramente golpeadas por la guerra que atraviesa el país desde el golpe militar de 2021.
El 9 de octubre, aviones de combate bombardearon la localidad de Mindat, en el estado de Chin. Una de las bombas impactó directamente en el complejo de una iglesia presbiteriana y destruyó el edificio.
Tres días después, tropas del ejército incendiaron una iglesia bautista kachin ubicada en las afueras de Bhamo, junto con viviendas cercanas.
No se informaron víctimas mortales en ninguno de los dos templos, pero organizaciones defensoras de la libertad religiosa denunciaron que los ataques forman parte de un patrón mucho más amplio de destrucción de lugares de culto en las regiones donde combaten grupos étnicos de resistencia.
Una iglesia destruida desde el aire
El primer ataque ocurrió durante la tarde del 9 de octubre.
Dos aeronaves militares despegaron desde una base en Magway y realizaron incursiones sobre Mindat, una localidad del sur del estado de Chin.
Los aviones lanzaron cuatro bombas sobre distintos puntos de la ciudad. Una de ellas cayó dentro del recinto de una iglesia presbiteriana y destruyó el templo.
La población de Mindat lleva años viviendo bajo ataques aéreos, fuego de artillería y operaciones terrestres.
Desde que los militares tomaron el poder en febrero de 2021, miles de habitantes de la región se han visto obligados a abandonar sus hogares.
El estado de Chin es una de las regiones de Myanmar con mayor presencia cristiana.
Tropas incendiaron una iglesia bautista
El segundo episodio ocurrió el 12 de octubre en el municipio de Bhamo, dentro del estado de Kachin.
Según los reportes, soldados pertenecientes a dos divisiones de infantería ligera incendiaron la Iglesia Bautista Kachin de Htingnan, situada en una zona conocida como Three Mile.
Las llamas también alcanzaron viviendas próximas al templo.
La iglesia pertenecía a la Convención Bautista Kachin y ya había sufrido daños durante enfrentamientos anteriores.
La región se encuentra actualmente en medio de intensos combates entre las fuerzas militares y el Ejército de Independencia Kachin (KIA) junto con otros grupos de resistencia.
Bhamo se convirtió en uno de los principales escenarios de la guerra después de que las fuerzas rebeldes avanzaran sobre buena parte de la ciudad. Durante 2026, el ejército desplegó nuevas tropas para intentar recuperar el territorio perdido.
Iglesias atrapadas en medio de la guerra
Para las comunidades cristianas de Kachin y Chin, las iglesias cumplen una función que va mucho más allá de los cultos dominicales.
En muchas localidades funcionan también como refugios para desplazados, escuelas improvisadas, centros comunitarios y puntos de distribución de alimentos y ayuda humanitaria.
Por ese motivo, su destrucción afecta directamente a poblaciones que ya han perdido viviendas y medios de subsistencia.
Christian Solidarity Worldwide denunció que los ataques contra las dos iglesias constituyen una grave vulneración de la libertad religiosa y sostuvo que los lugares de culto están protegidos por el derecho internacional humanitario.
La organización advirtió que la destrucción de templos en Myanmar no constituye un fenómeno aislado.
Cientos de templos afectados desde el golpe militar
Desde 2021, iglesias y otros edificios cristianos han sido alcanzados por bombardeos, incendios y ataques de artillería en distintas regiones del país.
Los estados de Chin, Kachin, Karen y Karenni, donde viven importantes comunidades cristianas pertenecientes a minorías étnicas, se encuentran entre los más afectados.
Organizaciones de derechos humanos han documentado también casos en los que edificios religiosos fueron convertidos en instalaciones militares, puestos de comando o centros de detención.
En septiembre, una milicia aliada a las fuerzas armadas utilizó instalaciones cristianas en el estado de Kachin para actividades militares.
En uno de los episodios que generó mayor indignación, más de 400 integrantes de una milicia celebraron una ceremonia de graduación dentro del santuario de una iglesia bautista, donde posteriormente hubo alcohol y baile.
Líderes cristianos también bajo presión
Las denuncias no se limitan a la destrucción de edificios.
Organizaciones locales aseguran que pastores y otros líderes religiosos han sido detenidos, interrogados o forzados a desplazarse debido al conflicto.
También se han registrado ataques con drones contra instalaciones religiosas y ocupaciones militares de propiedades pertenecientes a iglesias.
Representantes de organizaciones kachin consideran que la situación se ha deteriorado especialmente durante las nuevas ofensivas del ejército.
En varias comunidades, los creyentes han perdido simultáneamente sus hogares y sus lugares de culto.
Acusaciones de castigo contra comunidades cristianas
Organizaciones defensoras de los derechos humanos sostienen que existe una relación entre los ataques contra iglesias y la resistencia armada desarrollada por grupos pertenecientes a minorías étnicas.
Según estas organizaciones, las fuerzas militares recurren en ocasiones a la destrucción de infraestructura religiosa como forma de presión sobre comunidades consideradas cercanas a los movimientos de resistencia.
El ejército de Myanmar, por su parte, presenta sus operaciones como parte de su campaña contra los grupos armados que combaten al gobierno militar.
La guerra ha generado ataques contra distintos tipos de edificios religiosos y no solamente contra iglesias cristianas.
En agosto, por ejemplo, un bombardeo alcanzó un templo budista en la región de Sagaing mientras alrededor de cien personas participaban de un retiro de meditación. Catorce civiles murieron.
Una Iglesia que pierde templos pero continúa reuniéndose
Para los cristianos de Chin y Kachin, la destrucción de las iglesias presbiteriana y bautista representa una nueva pérdida dentro de una guerra que ya ha obligado a comunidades enteras a desplazarse.
Los edificios pueden desaparecer en cuestión de segundos bajo una bomba o quedar reducidos a cenizas después de una operación militar.
Sin embargo, en muchas regiones los creyentes continúan reuniéndose allí donde pueden: viviendas, refugios improvisados o campamentos para desplazados.
Mientras aumenta la presión internacional para que los lugares de culto y la población civil sean protegidos, las iglesias de Myanmar enfrentan una realidad cada vez más dura: en algunas de las regiones más cristianas del país, incluso los templos se han convertido en víctimas de la guerra.