Tan pronto como conocí a Christine supe que sería especial. Nuestros voluntarios apenas habían bajado del auto cuando ella comenzó a alabar a Dios.

Ella agradecía a Dios por haber guardado su vida cuando un tornado EF3 atravesó el este de Nueva Orleans. Alabó a Dios por Su Amor y Fidelidad para con ella todo este tiempo. Christine también agradecía a Dios por enviar a los voluntarios de Samaritan’s Purse a reparar su techo y limpiar su patio.

«Yo sabía que Él iba a enviar ayuda,’ dijo ella. «Dios dijo que jamás nos abandonaría.»

Compartir tiempo con Christine es sentirse amado. Ella sonríe, abraza, ríe y anima. Le da la bienvenida a todo aquel que se acerca a su hogar y es una vecina compasiva. Es una amorosa madre de tres hijas y orgullosa abuela de cinco pequeños.

 

Sin importar lo que suceda

Aún así, sé que hay dolor en su corazón.

Christine me compartió que tuvo un ataque de pánico después que el tornado arrasara con su vecindario. No sabía que hacer o por donde empezar.

«Mi casa parecía una zona de guerra,» contó. «Era algo terrible.»

Sé que aún había dolor de la vez que el Huracán Katrina azotó la zona, dejando su casa bajo agua.

«Lo perdimos todo,» dijo Christine. «Tuvimos que empezar de nuevo.»

Todos en la cuadra de Christine tuvieron que empezar de nuevo. Cada casa, en la que estaban representadas familias como la de ella, sucumbieron a las destructivas fuerzas del huracán. Muchos, como Christine, habían vivido en el vecindario más de 20 años.

Sé que aún hay dolor porque Christine se está recuperando de la muerte de su madre, que ocurrió dos años después del paso de Katrina. Y aunque no experimentamos el desasosiego que sienten quienes no tienen Esperanza eterna, igualmente la muerte nos duele.

A pesar de todo, las alabanzas para Jesús jamás se apartaron de los labios de Christine. Aunque por momentos la vida parecía caerse a pedazos, ella se resistía a apartarse de Dios.

«Aún estoy de pie,» dijo ella. «Dios prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo. No importa por lo que estés atravesando, espera en Dios. Él es un restaurador.»

«Sin importar lo que suceda -es el común denominador de muchos que conocí en Nueva Orleans. Ellos eligen confiar en Dios sin importar lo que suceda.

 

Él es todo lo que ella necesita

Samaritan’s Purse ayudó a muchos sobrevivientes del tornado que también habían vivido el horror del Huracán Katrina. Más allá de los desastres, escuché historias tras historias de tragedias personales y pérdidas, incluyendo enfermedades, muertes en la familia y divorcios. Aún así, Christine y los demás creyentes resilientes oraron para que Dios usara sus vidas para Su Gloria y para el propósito del Reino.

Aunque sus corazones duelen y la Ángela es tremenda, no se rinden. Saben que sus fuerzas vienen de Dios y que jamás caminan solos.

Christine animó y desafió mi corazón. Ella le dijo a nuestros voluntarios una y otra vez que su alegría estaba en Jesús y Él era todo lo que necesitaba. En medio de la tragedia, Christine me recordó que nada puede separarnos del amor de Dios.

La mañana que la tormenta golpeó, sin saber que su vida cambiaría dramáticamente, Christine oró: «Te entrego mi casa, te entrego mis hijas, te entrego mi empleo. Te entrego todo lo que tengo.»

Uno de los versos favoritos de Christine es Romanos 8:28. Ella se aferra fuertemente a la promesa de que «todo ayuda a bien a aquellos que aman a Dios y son llamados conforme a Su Propósito.»