Hace poco el gobierno saudí ha implementado ciertas normas con el objetivo de reducir el número de extranjeros que trabaja en el reino: se recomienda encarecidamente a las empresas que contraten más nacionales saudíes y la cifra de expatriados (unos 10 millones) tiene que verse reducida al 50 % para 2020.

Si este plan sigue adelante, muchos migrantes creyentes, tanto líderes como miembros, serán enviados de vuelta a casa. En gran medida ya se nota el impacto. Por ejemplo, desde el año pasado, muchos líderes, pastores y trabajadores cristianos han sido enviados a casa por rescisión de contrato debido a reducción de plantilla, cierre de empresas, salarios sin pagar o grandes retrasos en los salarios. Está sucediendo por todo el país.

Como los migrantes cristianos son, con diferencia, el grupo más grande de creyentes presentes en Arabia Saudí, una fuerte disminución en el número de trabajadores migrantes también significaría una disminución de la presencia del Cuerpo de Cristo en el país.

Durante un viaje reciente a la Península Arábiga, los colaboradores de Puertas Abiertas hablaron con numerosos trabajadores migrantes, algunos de ellos de trasfondo budista, que habían hallado a Cristo trabajando en Arabia Saudí. Por tanto, una reducción de la cifra de migrantes también implicaría una reducción en las posibilidades de que los trabajadores extranjeros interactúen con creyentes mientras trabajaban allí.

Por consiguiente, los creyentes en Arabia Saudí nos piden que oremos para que las autoridades reevalúen este plan. Asimismo, alentemos a los líderes cristianos en Arabia Saudí, que trabajan en secreto, para que continúen confiando en Dios, incluso cuando sus congregaciones están bajo presión y cuando los líderes claves en sus comunidades son obligados a abandonar el país.

Y oremos también por todos aquellos en una posición de autoridad en Arabia Saudí, desde el gobierno, a la casa real del país a la policía religiosa, para que descubran que el Hijo de Dios, Jesucristo, dio Su vida también por su salvación.