La familia de Alicia Nakolo, de 3 años, creía en la brujería y, a menudo visitaban al doctor brujo para mejorar la salud, alcanzar prosperidad y buena suerte. Como la mayoría en la aldea, no conocían acerca del único Dios verdadero.

Aunque Alicia parecía ser muy sana al nacer, al pasar los meses, ella no crecía como los demás niños. Era muy delgada y tenía muy mal apetito. Apenas si tenía energía para sentarse y poder comer. Pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo y muy agitada. El latir de su corazón se podía notar claramente a través de su pecho. No podía correr o caminar largos trechos, y su madre debía cargarla casi todo el día. Tampoco podía jugar con otros niños.

Alicia vive en una choza de paja con tres de sus hermanos, su madre y su abuela. Su papá, Nyende, abandonó la familia. Nyende bebía con frecuencia, golpeaba a su esposa Rebecca; y finalmente dejó el hogar, lo que provocó que la autoestima y confianza de la madre qiedara profundamente dañada.

Nyende no hizo nada por Alicia, por lo que Rebecca tuvo que arreglárselas para salir adelante. Cada mes ella apartaba un poco de dinero en caso de que Alicia enfermera. Pidió ayuda a todos a su alrededor. Visitó al doctor brujo y a los herbalistas, pero nada sanaba a Alicia. Luego visitó diferentes iglesias y hospitales.

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Alicia después de la cirugía.

Eventualmente, llegó al Hospital en Kampala, de la capital de Uganda. Alicia y su madre nunca habían estado en la ciudad, por lo que el viaje a Kampala resultó abrumador. Durante el largo y agotador viaje, Rebecca no podía evitar pensar en que Alicia podría morir. En el hospital, le diagnosticaron una anomalía congénita de corazón. Con tan escasos recursos, Rebecca sabía que no podía hacer nada por su hija.

«Viajé en la fría noche en bus, dormí en el suelo del hospital la noche anterior a la cita con el doctor cuando Alicia empeoró», decía con sus ojos llenos de lágrimas. «No había nada que no hice que estuviera a mi alcance para que mi hija estuviera bien. Pero todo lo que hice no resultó.»

Luego el hospital ingresó a Rebecca a La Bolsa del Samaritano (proyecto que sustenta económicamente tratamientos médicos). Cuando conoció al grupo de miembros que trabajan en el Proyecto Children’s Heart (El Corazón de los Niños), su cara se marcó de preocupación, angustia y tristeza. Ella no sabía qué esperar, pero el equipo la acompañó con sus oraciones. Alicia fue puesta en lista de espera y después fue aceptada para recibir la cirugía en Norte América.

Una Multitud se reúne para oír el Evangelio

Antes de que Alicia y Rebecca se fueran para Texas, los miembros del equipo de La Bolsa del Samaritano visitaron la aldea para animar a la familia y orar por ellos. El abuelo de Alicia estaba preocupado por su nieta pues no sabía que pasaría. Le angustiaba que tuviera que hacer una viaje tan largo. En el camino a la aldea, el equipo oraba que los aldeanos se unieran para compartir con ellos. Al llegar, encontraron reunidas alrededor de 29 personas que querían conocer a las personas que, se preocuparon por una mujer y su hija, con tanto amor y sin esperar nada a cambio.

El equipo del Samaritano compartieron el Evangelio y oraron, muchas personas se mostraron interesadas. Al final del día, cuatro mujeres y seis hombres, incluyendo a Rebecca y al abuelo de Alicia, habían entregado sus vidas a Cristo. Los misioneros oraron para que Dios les provea una iglesia para que estas personas puedan asistir. Antes de irse, distribuyeron Biblias en audio.

La cirugía de Alicia tomó lugar en Agosto de 2015. Antes de la operación, ella era tímida y lloraba si alguien que no fuera su mamá trataba de hablar con ella o cargarla. Ahora ella es entusiasta y sociable. El cambio en su personalidad se debe al amor que experimentó de parte de todas las personas que conoció en este largo viaje. Ella sabe ahora que no hay nada que temer.

Rebecca también cambió después de la cirugía. Aún en Norte América, Rebecca aprendió muchas cosas, incluyendo cómo hablar con acento americano, a orar en Inglés, a tejer -lo cual es su nuevo pasatiempo. También ganó peso y confianza y luce vibrante.

«Estoy muy feliz, cuando despierto en la mañana, estoy sonriendo. Imaginese cuánto Dios me ama. El envió personas que yo ni siquiera conocía, El trabajó a través de ellos y ahora Alicia está curada.»

 

Después que Alicia regresó a casa sana, su padre también volvió a casa.

“No estaba en paz cuando dejé a mi familia», dijo el hombre.»Tenía que regresar y pedirle a mi esposa que me perdone. Sentía que no merecía ser perdonado, pero me sorprendió que Rebecca me dió la bien venida a casa y me perdonó. Ahora, soy un hombre diferente. Ya no bebo y le agradezco a Dios por cambiarme.»

Rebecca dijo que perdonó a Nyende porque sabía que Dios quería lo mismo. Desde que el se mudó al hogar han estado muy bien, y esperan otro hijo.

Desde su vuelta a casa, Alicia se ha vuelto muy vivaz y llena de energía. Quiere ayudar a su madre en la cocina y jugar con otros niños afuera. Ha estado ganando peso y a menudo se levanta por las noches para comer.

 

Un milagro en la pequeña aldea

El equipo de La Bolsa del Samaritano ha continuado sus visitas a la aldea de Alicia después de la cirugía. Durante este tiempo, nueve personas más han conocido a Cristo, lo que hace un total de 19 conversiones.

“Ver a Alicia en el antes y el después de la cirugía es como comparar a dos personas totalmente diferentes» dijo la abuela. «Dios existe, y El es Dios de maravillas. Como familia, ahora ya no vivimos preocupados de perderla. Hemos alcanzado libertad.»

La familia de Alicia se levanta muy temprano los domingos para hacer la hora de caminata hacia la iglesia más cercana. Rebecca dice que no es problema porque encuentra paz y alegría en el Señor. Hoy, su Biblia es su mayor posesión.

La mayoría de los aldeanos ven la sanidad de Alicia como un milagro. A través del trabajo de Dios en su vida, el Evangelio pudo extenderse. Rebecca está tan agradecida con Dios por cuidarlas y proveerles ayuda.

«Gracias por haber hecho la cirugía de Alicia» dijo Rebecca. «Me llena de alegría como madre ver a mi hija sana. Dios continúe usándolos para bendecir a más personas.»