Ismail* se crió en el seno de una familia musulmana devota en los Territorios Palestinos. Sabía que si decidía seguir a Cristo, le costaría todo: su reputación, su trabajo, su casa y su familia. Sin embargo, a pesar de todo, tomó la decisión de seguirle. ¿Cómo un adolescente palestino que aprendía de memoria el Corán pudo acabar acercándose a Cristo? ¿Cómo, a pesar de atravesar tantas pruebas, puede seguir perseverando aún en la clandestinidad?

Hoy, Ismail tiene cerca de 40 años, pero todavía recuerda el primer libro cristiano que vio: estaba estudiando en el instituto y, un día al llegar a casa después de clase, vio que había llegado un paquete de Europa para su primo. Le llamó la atención que el remitente estuviese escrito en inglés. Al parecer, su primo había escrito a una organización cristiana y le habían mandado material de evangelización.

Hasta esa época, Ismail y sus amigos, como tantos jóvenes musulmanes, se habían estado dedicando a aprender el Corán de memoria. Y precisamente esa semana había estado estudiado dos suras que tratan sobre María y Jesús. Según el Corán, el crucificado no es Jesús, sino Judas. Ismail preguntó a su abuelo, erudito respetado y gran conocedor del Corán, sobre cómo los cristianos podían seguir creyendo que Jesús era Hijo de Dios si en realidad no había sido crucificado. Su abuelo le le respondió diciendo que no había respuesta, que esa solo era la versión que los cristianos se habían inventado.

Ismail no se sintió satisfecho con esa explicación e inició su propia búsqueda de la verdad sobre Jesús. Al principio buscó en el islam, pero no halló respuestas. Entonces, comenzó a estudiar la Biblia con su primo. Nunca había conocido a ningún cristiano. Los dos empezaron a intercambiar cartas con una organización cristiana europea. Cada vez que mandaban una pregunta, debían esperar mes y medio en recibir respuesta.

 

Colas como demonios

En esa época en que la mayoría aún no tenía acceso a internet ni redes sociales, enviar ese tipo de cartas era algo muy valiente y arriesgado. Y aún más teniendo en cuenta que vivían muy aislados en un ambiente con una visión muy distorsionada del cristianismo: algunos padres llegaban a enseñar a sus hijos que los cristianos no son seres humanos y que tienen cola como los demonios.

Pero un día, por casualidad, un vecino escuchó a Ismail discutir con su familia sobre la fe cristiana. Eso le hizo acercarse después para ofrecerle contacto con un grupo de estudiantes cristianos. Ismail ya tenía muchas preguntas que hacerles.

De manera paulatina, Ismail se iba acercando más a Jesús. Cuando los estudiantes ya no fueron capaces de seguir contestando a sus preguntas, lo pusieron en contacto con un pastor que empezó a enseñarle la Biblia. Aun cuando Ismail llegó a conocerla bastante, le seguía inquietando no saber vivir en Cristo, seguía con dudas: “¿tenían razón los cristianos, o son solo locos que se creen sus propias ilusiones?

Decidió poner el cristianismo a prueba: cerró los ojos y repitió las palabras que había oído orar a los cristianos, confesando que era pecador y reconociendo el amor de Cristo. Eran palabras bonitas. Pero el pensamiento de que “solo existe lo que se puede ver” seguía ahí y le impedía ir más allá. Fue entonces cuando Dios intervino y derribó esa barrera: en un sueño se le apareció el rostro de Jesús y le dijo «sígueme». Y eso fue suficiente. Tomó la decisión de seguir a Cristo.

 

La oveja negra de la familia, encontrada por Cristo

Suena fácil, pero esta fue la decisión más dura y difícil de la vida de Ismail. Seguir a Cristo significó perder su familia y su vida cómoda. Nacer de nuevo significó quedarse solo y rodeado de problemas. En su pueblo, dejar el islam es una vergüenza para la familia y toda la comunidad. De repente, pasó a ser la oveja negra. Y su familia, al enterarse, le echó de casa para siempre, prohibiéndole volver.

Así comenzó un nuevo capítulo de su vida. Por las mañanas leía concienzudamente la Biblia, tomando nota de todas las dudas para resolverlas con los pastores. Su nueva familia pasó a ser el grupo de estudiantes cristianos y su nueva vida consistía en compartir el Evangelio con otros musulmanes. Con los años vio a varios musulmanes aceptar a Jesús, pero Ismail siempre ha sabido que él solo era un mero instrumento del Señor sin ninguna responsabilidad en sus conversiones. La verdad es que la mayoría de los musulmanes viene a Cristo después de conocerle en un sueño o en una visión.

Su vida pasó a estar rodeada de presión, no solo por parte de su entorno musulmán, sino también por parte de su red de contactos cristianos, porque integrarse en una comunidad cristiana palestina es muy difícil. Al proceder del islam, muchas veces desconfiaban de él, algo que es normal en muchos países de Oriente Medio donde las comunidades cristianas viven muy presionadas por el islam para no evangelizar musulmanes.

 

En busca del matrimonio y el inicio de las reuniones clandestinas

Ismail sentía que Dios le llamaba a desempeñar un papel de liderazgo y le pareció que las iglesias no le daban la oportunidad de formarse como tal. Así que creó su propia iglesia, compuesta mayormente por creyentes procedentes del islam. Suelen reunirse clandestinamente. No tienen muchos recursos económicos debido a que fueron expulsados de sus comunidades, pero espiritualmente son verdaderamente ricos.

Uno de los mayores desafíos para un musulmán converso es encontrar esposa. En los Territorios Palestinos, como en otros muchos países árabes de la región, es prácticamente imposible el matrimonio interconfesional entre musulmanes y cristianos. Por ley, un musulmán es un musulmán para siempre, no puede convertirse a otra religion, lo cual hace difícil encontrar esposa y obliga a la mayoría de los conversos a abandonar el país y casarse con una extranjera.

Pero Dios guió a Ismail a encontrar una mujer palestina conversa como él. Se casaron oficialmente en una ceremonia islámica, pero después fueron consagrados también por un pastor cristiano.

 

Un estigma para toda la vida

Ismail es creyente desde hace más de 20 años. Los enfrentamientos con su familia y su comunidad han quedado como cosa del pasado, pero todavía sigue sufriendo el estigma social se haber aceptado a Cristo viniendo del islam. Comparte con las comunidades islámicas que pertenecer a Cristo significa honrar a Dios con la actitud y la conducta, y experimentar también la paz de Cristo, lo que es muy cierto. Pero, para un musulmán, ser cristiano seguirá siendo una lucha durante toda la vida.

Fuente: Puertas Abiertas