El gobierno de China anunció recientemente que el uso de drogas se esparció a un noventa por ciento del país. Para combatir esta epidemia, los habitantes de una provincia intentan algo distinto para ayudar a los adictos: la oración.

En la parte suroeste de la provincia de Yunnan, cerca de la frontera con Myanmar, hay un programa de rehabilitación que mezcla la oración y el estudio bíblico para cambiar el destino de los adictos.

“Dependemos solo de Dios, y su poder para cambiar vidas”, dice Xu Chengyun, director del Centro de Rehabilitación Gospel.

Xu Chengyun ayudó a fundar el Centro Gospel en 2007.

“Nunca usamos medicación u otros métodos extremos. Más bien, seguimos una rutina simple cada día”, comenta Chengyun.

La rutina de oración…

“Padre, nos presentamos ante ti para orar por nuestro hermano. Pedimos que lo uses y le ayudes a mantenerse firme. Que aquí pueda ver tu gran poder. Hazle ver sus errores y pecados. Que se arrepienta para que pueda recibir una segunda vida y que sea hecho nuevo por medio de Jesús”, así ora Chengyun por un joven.

También tienen un tiempo de adoración, clases bíblicas, celebraciones y el servicio unos a otros…

“Quienes buscan ayuda aquí deben ver la evidencia del poder de Cristo para sanar. Debemos ser ejemplo para que otros puedan experimentar el amor de Dios”, expresa Pai Jianhua, consejero del Centro de Rehabilitación Gospel.

Xu Chengyun dice que se trata de crear un espacio seguro para quienes luchan contra esto y los resultados hablan por sí mismos.

“Hasta ahora el 60 por ciento de los adictos han superado sus problemas con las drogas. Quienes han recaído, regresan al centro y Dios les toca. Estamos muy agradecidos porque sabemos que el éxito es de Él”, dice Chengyun.

Zhao Linbin es prueba de que la oración funciona.

“Mi drogadicción comenzó en 1989 y siguió por 20 años. Era adicto a la heroína. Traté de dejarlo, pero fracasé. Incluso participé en un centro de corrección gubernamental, pero no mejoré. Con el tiempo perdí la esperanza”, dice Linbin.

Eso cambió en 2010 cuando su mamá le suplicó ir al Centro de Rehabilitación Gospel.

“Él solía ser un niño muy obediente. Era un buen niño, pero se desvió. Sabía que si algún lugar le podía ayudar era el Centro Gospel, así que le supliqué que fuera”, comenta la madre de Zhao.

Zhao accedió. El centro requiere que cada adicto pase al menos un año en el programa.

“En el principio era muy difícil. Me irritaba con facilidad y entré en conflicto continuo con el personal. Me rehusé a escuchar sus consejos y los insultaba. No quería orar o leer la Biblia”, relata Zhao.

Pero, el personal no se rendía. Siguieron orando, creyendo que Dios tocaría su vida como lo ha hecho con tantos otros antes de él.

“No somos doctores entrenados o especialistas en drogadicción. Simplemente confiamos de la fe y el poder de la oración. ¡En eso sí somos expertos!”, relata Chengyun.

Zhao dice que le tomó algo de tiempo y luego tuvo una revelación sobre la profundidad del amor y el perdón de Cristo.

“Veinte años de mi vida se han ido, pero nunca quiero regresar a mi antigua vida. Incluso fui a prisión. Pero, sé que Dios restaurará esos años malgastados. Sin duda, Dios ha hecho milagros en mí”, dice Zhao.

Zhao ahora es consejero aquí. Disfruta tocar la batería durante la alabanza. Y el milagro continúa, mientras viaja y comparte su testimonio con otros sobre como Dios tocó su vida.

“Creí que si me arrepentía con sinceridad y aceptaba a Jesús como mi Señor y Salvador, sería perdonado y aceptado en su reino. ¡Ahora sé que Jesús es la esperanza!”, dice Zhao a una multitud.

El centro cristiano de rehabilitación se prepara para recibir más pacientes: recientes números revelados por la Agencia Nacional China de Narcóticos estiman que ahora hay unos 14 millones de drogadictos en la nación.

Fuente: Mundo Cristiano