Haciendo un breve análisis de la iglesia cristiana evangélica me he encontrado con que tenemos dos tipos de hermanos/hermanas en el Cuerpo de Cristo y que nos da un panorama actual de como está compuesta la misma. Tenemos por un lado miembros activos a los cuales los llamaremos «protagonistas», y por el otro los miembros inactivos, a estos les diremos «simpatizantes».

Vamos a hablar primero de estos últimos para poder ir empezando por «el problema».

Un cristiano simpatizante puede verse como aquel que cree en la existencia de Dios, asiste de manera religiosa a una iglesia y dependiendo el caso, exterioriza ser cristiano evangélico con otras personas o no.

Este puede vivir toda su vida dentro de la iglesia de Cristo, pero no ha permitido que Cristo crezca dentro de ella. Asiste a los campamentos cristianos y hasta incluso va a conciertos de música góspel, pero todo lo vive como si fuera parte de un club o una asociación de gente buena. No hay una transformación por medio de el Espíritu Santo, es solamente una «cáscara» pero sin contenido y sin frutos espirituales. Oye la Palabra de Dios pero en la mente de esta persona hay tantas fortalezas mentales que impiden que la verdad de Cristo penetre y cale hondo en aquellas áreas en donde ella debe ser transformada. Estas fortalezas mentales son cúmulos de pensamientos almacenados en la mente de la persona y que tienen como objetivo frenar o ralentizar el propósito de Dios para esta. Estos solo pueden ser derribados por medio de oír, entender y poner en práctica la palabra de Dios, pero aquí es cuando comienza el acertijo, ya que la persona ya escuchó la Palabra de Dios pero sigue sin tener frutos. Y la respuesta que he encontrado a esto es que como cuerpo de Cristo y como liderazgo hemos fallado a la hora de enseñarle a las personas a morir a su vieja vida y a dejar TODO por causa del evangelio.

Sucede que la Iglesia se ha mimetizado tanto con los estándares hedonistas occidentales en donde ya no se sabe que es el propósito de Dios y cual es nuestro sentido e identidad como cristianos. Olvidamos que hemos sido creados por Dios y para Dios, para hacer sus obras y glorificar su nombre. Por eso hay cada día más cristianos enfocados en el propio éxito y crecimiento personal, olvidando el verdadero sentido de la vida cristiana y olvidando lo pasajera que es nuestra existencia en este mundo. Ya bien el decía el salmista:

«El hombre es semejante a un soplo; sus días son como una sombra que pasa» en Salmos 144:4 RVR1960.

Sucede que muchas personas que vienen a Cristo y que forman parte de la iglesia vienen cargando con muchos sueños e ilusiones de sus viejas vidas, que los ciegan de ver el nuevo propósito para lo cual hemos sido salvados. Así es que las viejas idolatrías que están arraigadas en el corazón nunca son derribadas y continúan entrelazadas con el vivir cristiano creando una suerte de híbrido, una persona tibia que es inconstante en todos sus caminos y que no va a conocer la plenitud de Dios de la cual hablaba el Apóstol Pablo cuando decía:

«Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios» en Efesios 3:19 NTV.

Es por esto que debe haber un cambio en el contenido que estamos dando a los feligreses, y brindar un evangelio que sea práctico y un poco más incómodo, ya que esta es la única manera de que haya un verdadero impacto en las mentes de aquellos que todavía siguen adormecidos, y que no están recibiendo toda la nutrición necesaria para ser cristianos maduros y protagonistas del Reino de Cristo.

Solo mediante la Palabra de Dios y el toque del Espíritu Santo es que las fortalezas mentales, los viejos sueños mundanos y la idolatría pueden ser derribados definitivamente para que ya nuestros amados hermanos puedan decir:

«Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Gálatas 2:20 NTV).

De esa manera es que llegarán a ser cristianos que son parte activa del Cuerpo y que procuran entender el propósito de Dios mediante el Espíritu «No actúen sin pensar, más bien procuren entender lo que el Señor quiere que hagan» (Efesios 5:17).

Muchas veces la semilla que es plantada en muchos corazones se ve ahogada por las dificultades de una tibia presentación del evangelio, quizás hemos olvidado como cosechar correctamente, y es así que atraemos a la gente por todo lo bueno que Dios puede hacer (lo cual es real) pero no les enseñamos que la vida del cristiano también es estar conjuntamente crucificado con Cristo y padecer por Él.

Prometemos que vamos a tener gozo pero no enseñamos a las personas que deben tener una comunión con el Padre y el Hijo para poder así vivir en las bendiciones espirituales. Y eso es otro punto a debatir, ya que muchas personas dicen tener problemas con los cristianos, que ellos irían a la iglesia sino fuera por miedo a ser juzgados, pero para tener una buena comunión con el Cuerpo de Cristo hay que también tener una buena comunión con Dios, esto significa oración, lectura bíblica y ayuno como parte del andar diario y poder conocer quien es Dios mediante la búsqueda espiritual.

Muchos son llamados y pocos escogidos, así es como ahora entramos a hablar de los escogidos, los que creyeron y profundizaron, los que buscaron y encontraron. Estos son los que no se conformaron con tener el «ticket al cielo» sino que van por más. Una búsqueda espiritual en la cual buscan un encuentro cara a cara con Dios para de esa manera conocer quienes son. Porque para poder saber cual es la identidad de cada persona debemos conocer primeramente al Creador de todas las cosas, el cual nos ha dado la vida y nos ha dado un propósito.

Los protagonistas son personas de carne y hueso pero que trascienden en sus barrios, ciudades, estados o naciones como embajadores del cielo y como luces que resplandecen en medio de las tinieblas. Muchas veces, estos son repudiados por la sociedad e incluso por algunos hermanos, debido a su tenacidad para llevar el evangelio y su hambre por más llenura. Los protagonistas son hermanos y hermanas que frente a la adversidad y al vacío que genera la vanidad de esta sociedad, toman la decisión de ser llenos del Espíritu para ser dirigidos y consolados por este.

El cristiano protagonista es entonces una persona que vive lo que dice, que no es perfecto y que reconoce sus errores, pero que sabe que está dentro de un proceso de transformación en el cual día a día se parece más a Jesús.

Es por eso que en estos tiempos de pandemia, tenemos que como cuerpo de Cristo alentar e instruir a los que son débiles y que necesitan escuchar una vez más el evangelio. De esa manera lograremos que muchos corazones que hoy están adormecidos sean sacudidos y sus ojos abiertos a la realidad de que Cristo viene pronto, para que de esta forma, mediante el Espíritu sean transformarlos de meros «simpatizantes» a férreos «protagonistas» que van a recibir una transformación interior, una comunión especial con Dios y un llamado a ser la sal del mundo.

Marcos Dominguez, Evangelista.