La Iglesia Visión de Futuro comenzó en el año 1972 y Dios le ha dado una herencia, un ADN muy peculiar; de hecho, hasta el nombre es distintivo, ¿no? Dios le dijo a mi padre en oración durante las madrugadas, cuando desde el extranjero, mientras pedía por Argentina: «Visión de Futuro»; él escuchó esa voz audible de Dios que le daba el nombre de esta iglesia (que pronto cumplirá 45 años) y, gracias a Dios, vemos la mano del Señor obrando en nosotros, obrando en esta iglesia.

Sentimos que la promesa del Señor se está cumpliendo, que Su mano no se ha acortado, sino que sigue obrando y lo vemos en cada culto, en cada reunión el poder de Dios se manifiesta, la unción de Dios pudre todo yugo, quita toda carga y trae sanidad a los cuerpos.

Creemos en el poder de Dios, creemos que el Señor sigue obrando como lo hizo 2 000 años atrás; seguimos declarando que Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.

Hace poco se cumplieron 15 años del fallecimiento de mi padre y justo me tocó estar durante esa misma semana en el mismo lugar donde la Iglesia Visión de Futuro nació. Sentía cómo Dios abría estos pozos que mi padre «cavó» hace tantos años, si bien esa gracia sigue presente y sigue manifestándose. Recordaba delante del grupo que estaba allí en Paraná, «cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hechos 10:38). Cuando declaré esto, el poder de Dios descendió sobre la multitud y dos mujeres que estaban allí en primera fila cayeron bajo el poder de Dios. Lo importante no es que caigan, sino cómo se levantaron después de que el poder de Dios las tocó. Muchos decían en esa reunión: «Sentí un fuego», «Sentí un calor». A veces Dios se manifiesta de esa manera haciendo milagros.

Una de las mujeres que subió a testificar había tenido un accidente hacía 6 meses; cayó en un pozo con la moto, se quebró el pie de tal manera que le tuvieron que poner una placa en el tobillo, siete clavos o tornillos y dos grampas para poder agarrar los tendones cortados. Imagínate la gravedad del accidente. ¡Y se manifestó el poder de Dios! Después de haberse caído «en los brazos de Dios», la levantaron y subió a la plataforma emocionada para contar lo que el poder de Dios había hecho en su vida. Se le habían ido todos los dolores, podía mover el tobillo que estaba rígido a causa del trabajo de restauración que los médicos habían hecho. Dijo: «Nunca pensé que iba a volver a correr, ¡ahora voy a poder correr de nuevo!», y cuando dijo eso empezó a saltar en el escenario, señal de que Dios la había sanado por completo y también de la gran alegría que sentía al haber experimentado el poder de Dios.

Podría estar horas contándote milagros y lo que el poder de Dios ha hecho en tantas reuniones de la Iglesia Visión de Futuro. Creemos que «Jesús vino para deshacer toda obra del diablo», como dice la Palabra en 1 Juan 3:8. Vemos el poder de Dios en nuestras reuniones constantemente, cada vez que nos reunimos, el Señor obra milagros, señales y prodigios, y ministra a nuestra alma y a nuestro espíritu.

Nos dimos cuenta de que, además de esta señora que había recibido este tremendo milagro, su hermana también había sido sanada. Ambas habían sufrido accidentes, ambas habían sido afectadas en sus piernas; así que inmediatamente nos pusimos a orar por todo espíritu de accidente, por toda misión del enemigo que había venido para destruir las vidas. Oramos por todos los presentes que habían experimentado accidentes y ataques, y cancelamos toda obra del enemigo en el Nombre de Jesús. Declaramos que «no hay arma forjada en contra nuestra que pueda prevalecer», que tenemos una herencia gloriosa en Dios y que «somos más que vencedores por medio de Aquel que dio Su vida por cada uno de nosotros».

Tenemos una herencia maravillosa: creemos en el poder de Dios, creemos que Él sigue haciendo milagros físicos, milagros emocionales, fortaleciendo el ser interior y efectivizando el milagro más grande e importante de todos: el milagro espiritual, el nuevo nacimiento, la salvación. Los que pasan al frente y hacen esa confesión de fe reciben el perdón de sus pecados y desde ese momento son hechos hijos de Dios.

Cada vez que vengas a nuestras reuniones, esto es lo que vas a experimentar. Una iglesia que cree en el poder de Dios, que cree que «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y por los siglos», que cree que el Señor ungió a Jesucristo de Nazaret con poder y que Él sigue haciendo bienes, que Él sigue sanando a todos los que están oprimidos por el diablo. El Señor está con nosotros y manifiesta Su gloria y Su poder en cada reunión.

Quiero aprovechar esta oportunidad en la que declaro Palabra de Dios y cuento testimonios de lo que el Señor puede hacer, para que esta Palabra te sea confirmada. Jesús les dijo a Sus apóstoles: «Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado, se salvará; pero el que no crea, será condenado. Y estas señales acompañarán a los que crean: En mi nombre expulsarán demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán en sus manos serpientes, y si beben algo venenoso, no les hará daño. Además, pondrán sus manos sobre los enfermos, y éstos sanarán». (Marcos 16:15-18 RVC). La lista es larga y dice en el versículo 29: «Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes (como yo lo estoy haciendo ahora), ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían».

Señor: Declaro que Tu Palabra no vuelve a Ti vacía, sino que producirá aquello por lo cual la enviaste. Te pido que en este momento toques a cada uno de los que leen este mensaje, que puedan sentir Tu toque que deshace toda obra del diablo, que cancela todo plan del enemigo, y que toda enfermedad y toda dolencia sea absorbida por el sacrificio de Cristo en la Cruz, que Tu unción sanadora fluya en cada vida y que puedan sentirse libres para la gloria de Tu Nombre.

Yo te bendigo, ahora, en el Nombre de Jesús. Amén y amén.