Para las personas activas (me incluyo), practicar la paciencia no es algo común. Paciencia es una palabra casi desconocida, pero que ya llevo un mes aprendiéndola. Es que un accidente inesperado me dejó postrado con mi cadera quebrada y dependiendo de otros para todo, sentado en una silla de ruedas. Acaso crees que me agrada? Para nada! Jamás me imaginé depender de otros ni estar sentado en una silla de ruedas, todo lo contrario: siempre estuve al servicio de otros y en actividad.

Cuando estudiamos el FODA, evaluamos las amenazas pero raramente imaginamos considerar aquellas que no existen y que podrían aparecer inesperadamente, caso mi circunstancia actual. Y en el medio de esta realidad, dolorosa por cierto, un pensamiento viene a mi mente: “No hay mal que por bien no venga” o, como enseña San Pablo: “Para los que amamos a Dios, todas las cosas nos ayudan para bien”.  Y hoy la Sabiduría Milenaria me inspira a estar en sumo gozo porque se está probando mi fe y desde dentro mío afloran todas las ansiedades, las impotencias, las broncas y sobre ellas debo aprender a estar feliz, alegre, en sumo gozo.  Podés imaginar la guerra en mi interior?

Pareciera que practicando este tipo de paciencia, uno es mejor persona, más íntegra, cabal, más perfecta y en esta dirección es que avanzo.  La Médica especialista en Inmunología me indicaba que estar en sumo gozo me genera enzimas sanadoras, restauradoras de los huesos quebrados.  El Médico Traumatólogo me indicó paciencia durante los próximos 90 días. Claro que no me gusta, claro que me vienen ganas de pararme, correr, moverme, andar de aquí para allá. Es que las personas activas entendemos que debemos gestionar, accionar, generar.

Y en la empresa, acaso no te sucede lo mismo cuando aparece una circunstancia inesperada y desagradable? Y en las relaciones humanas, acaso no suceden las mismas cosas?  Los cristianos debemos reflejar esa paciencia divina, aún con aquellos que no la merecen. Es la misma paciencia que Dios tuvo y tiene con nosotros, así debemos tenerla nosotros con todas las personas  y en todas las circunstancias.  Es que si salimos de la paciencia, aparece la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Debemos tener firmeza  para no dejarnos provocar y reaccionar.