Conocí a “Muti” Petrosian cuando ella tenía 87 años. Estaba en cama enferma y cansada de vivir. Su familia me había pedido que le hablara para transmitirle ánimo y paz.

Nació en Armenia en los albores del siglo XX cuando el Imperio Otomano comenzaba a desmembrarse y sus padres, como el resto de su familia, “habían sido asesinados por los turcos”. Así lo decía.

Conversamos durante varias semanas y siempre se preguntaba; “¿Porqué Dios no me lleva?” (era cristiana como todos los armenios)hasta que un día se me ocurrió inquirir:

– “Muti, ¿has perdonado a los turcos por lo que te hicieron?”

-“¿Por haber matado a toda mi familia y a mi pueblo? ¡Nunca!” -respondió.

-“Entonces no podrás estar con Dios, porque Jesús dijo en la oración del Padrenuestro: Perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores” -respondí.

“Muti”, que significa “abuela” en armenio, quedó en silencio algunos minutos, que me parecieron una eternidad, y mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas intuí que estaba repasando los trágicos momentos de su niñez en Armenia. Finalmente, como alguien que despierta de una pesadilla, me miró y dijo:

-“Si es así, entonces los perdono”- y trató de sonreír.

Le ayudé a secarse los ojos, nos saludamos con un beso y me despedí hasta el sábado siguiente. Nunca más la volví a ver, “Muti” falleció durante esa semana…”en paz” según me contó su hija.

Los cristianos debemos seguir el ejemplo de Jesús y perdonar aún a quienes no desean ser perdonados. De otra manera viviremos con una carga demasiado pesada para nuestros hombros. Cuando lo torturaban y clavaban en la cruz Él dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

100 años es mucho tiempo para llevar una carga tan pesada, es tiempo de perdonar. Que Dios te bendiga.

 

Lic. Daniel V. Cuccaro

Las Flores, Buenos Aires, Argentina