Hace 34 días atrás, escribí sobre la persecución a la Iglesia, siendo censurada por hablar la verdad de la palabra de Dios, y que sufre actualmente como castigo el bloqueo de sus cuentas y canales de comunicación. Hoy la noticia que recorre al mundo llega, luego de dos largos años de una pandemia que ha hecho estragos a lo largo y a lo ancho de la tierra. Escuché a personas decir: ¿Acaso Dios nos está castigando? ¿No tuvimos suficiente con lo que ya vivimos? ¿Qué va a suceder con tantas familias que quedarán solas ante esta pérdida irreparable? 

El mundo se encuentra dividido entre los que adhieren por la guerra, y entre aquellos que clamamos con humillación por la paz, para que sus gobernantes entren en razón y cese la ambición y la puja por elevar la supremacía de quien tiene mayor poder y armamento. En medio de esta lucha de intereses, se encuentran los inocentes, los que no tienen la posibilidad de elegir, aquellos que no saben si estos son los últimos minutos de vida que poseen, y si no es que estarán abrazando a sus seres amados por última vez; y, asimismo, aquellos que ya no podrán volver a mirar a los ojos a quienes se han ido prematuramente de manera inesperada, porque les han arrebatado el único bien preciado: sus vidas.  Es allí cuando la mente no deja de hablar sobre los proyectos de vida, las aspiraciones, los deseos a alcanzar, los sueños que aún quedaban por cumplir; todos ellos se suprimen a un solo deseo: la lucha por sobrevivir. 

Estamos llamadas a clamar a conciencia, a convocarnos por la paz. Tal vez te preguntes de qué manera podrías ayudar si el conflicto pareciera estar al otro lado del mundo. Esta guerra como tantas otras que se han sucedido a lo largo de la historia de la humanidad, nos acercan, estemos donde estemos. 

Quiero brindarte alguna ayuda para que uses de guía: 

  • Buscá y organizá entre tu grupo de amigos y familia, con quienes reunirte de manera presencial o desde sus casas fijando un horario en el que pidan por la paz. (Mateo 18:20 dice: Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos
  • Buscá un mapa y colocá tus manos sobre Ucrania y Rusia, pidiendo por la paz, por sus habitantes y sus gobernantes (Jeremías 29:7 dice: Procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar; y rogad por ella a Jehová, porque en su paz tendréis vosotros paz
  • Salí de tu hogar y reuníte en algún punto de tu ciudad con más personas que tengan como objetivo, clamar por la misericordia de Dios sobre las naciones (Mateo 5:14 dice: Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse

Cada hora, minuto y segundo que vivimos se aproxima al regreso de nuestro Salvador.  Oímos de guerras y rumores de guerra, de ver el levantamiento de una nación contra otra, de un reino contra otro; de pestes, de hambruna, de terremotos; todo ello solo es principio de dolores. (Mateo 24: 6-8) 

No nos distraigamos, nuestra redención está cerca. ¿Qué haremos ante el llamado que hoy nos está haciendo Dios a clamar por misericordia y a predicar el Evangelio de la paz, que es la respuesta por la que el mundo clama, pero a la vez pareciera no oír? Escoge bien. 

¡Paz!

 

Imagen: Collage hecho con imagen de Reuters/Alexander Ermochenko