¨y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres¨ Juan 8:32

El día después de mañana…

Es inevitable no utilizar el título de la famosa película de Roland Emmerich para iniciar esta reflexión. Aunque no tiene nada que ver con los desastres del cambio climático de la propuesta del director, es una pregunta que muchos nos hacemos antes los desafíos de este tiempo lleno de verdades relativas. El iceberg donde el mundo está hecho de verdades llenas de absolutismos, parece romperse para dar paso a un ciclo de inmediatez que vino preñado del más desafiante sentido de lo sorpresivo.

Hace pocas semanas se escucha en algunas conversaciones una palabra que no teníamos familiarizada, se trata de “la postverdad”. El diccionario de Oxford la ha definido como la palabra del año, incluyéndola en su enciclopedia. Pareciera apocalíptica, pero si nos ponemos un poco más blandos, intentaremos definirla como situaciones donde los hechos objetivos o verdades son menos influyentes en la formación de la opinión pública que las emociones y creencia personales.

Podemos decir que la religión y la ciencia han sido fuentes generadoras de las verdades en el mundo, pero hoy existen otros productores de verdades subjetivas. El desplazamiento de argumentos científicos por parte de los medios de comunicación, incluyendo el uso de las redes sociales donde circulan falsas verdades compiten haciendo de la verdad algo secundario. Estamos ante una era donde se rompieron las lógicas y como final digno de serie de televisión todo puede cambiar en el último momento.

El incremento del uso de la palabra “postverdad” luego del Brexit del Reino Unido, el referéndum en Colombia por el acuerdo de paz con las FARC y la elección presidencial en los Estados Unidos han convencido al mundo que la verdad ya es un valor relativo.

Los políticos siempre han tenido una relación ambigua con la verdad, una cosa es ocultar o exagerar pero otra es mentir descaradamente. En este año han abundado los políticos que no se preocupan por si lo que dicen tiene correlato con la realidad. Uno de ellos es Donald Trump, quien ha afirmado que el concepto del calentamiento global no existe y ha sido creado por los chinos con el fin de que la producción en Estados Unidos no sea competitiva. Trump, afirma que el cambio climático es un engaño, con argumentos tan infantiles que asustan. En el viejo continente, el presidente de España -Mariano Rajoy- ha negado en numerosas ocasiones hechos sobre los que existía total certeza, y en la Argentina el presidente Mauricio Macri prometió antes de las elecciones la consigna de pobreza cero. Al cumplir su primer año la pobreza en el país ha aumentado en 1 millón de nuevos pobres.

Por lo que hemos analizado no se trata de la característica de una persona sino de una táctica, una manera de relacionarse con los ciudadanos en la que lo que se dice, se mantiene y reafirma puede ser absolutamente mentira, sin que eso tenga la menor relevancia. Ante esta nueva jugada que se lleva el mérito de la “palabra del año”, es imposible no preguntarme: ¿Nos estamos convirtiendo en cazadores o cosechadores de mentiras?

Será momento de releer a Orwell ya que en una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario.

 

Sebastián Carnival – Director del Instituto CREER
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