El pastor y teólogo John Piper recientemente exhortó a los cristianos —y especialmente a los jóvenes— a no preguntarse cuánto pueden acercarse al pecado sin cruzar la línea, sino más bien a buscar una vida llena del Espíritu Santo, caracterizada por claridad mental y discernimiento espiritual.

Durante un episodio de su podcast, Piper respondió a la consulta de un adolescente que se preguntaba si emborracharse “un poco” de vez en cuando, sin perder el control ni actuar imprudentemente, podía considerarse pecado. El joven afirmaba que, aun en esos momentos, seguía buscando a Dios y tratando de tomar buenas decisiones.

Piper valoró el deseo del adolescente de acercarse al Señor, pero planteó que la pregunta estaba mal enfocada. “La cuestión no es si algo está técnicamente permitido o no”, explicó, “sino si ese acto realmente te acerca a Dios o te aleja de Él”.

El pastor señaló que la Escritura no prohíbe expresamente el consumo de alcohol, pero advierte claramente contra la embriaguez. Citando pasajes como Efesios 5, subrayó que Dios llama a sus hijos a estar sobrios, despiertos y sabios, cualidades que se ven opacadas incluso por un estado leve de intoxicación.

“La plenitud del Espíritu —dijo— no anula nuestras facultades mentales, sino que las eleva a un nuevo nivel de agudeza espiritual. En cambio, el alcohol adormece precisamente esas capacidades que nos permiten disfrutar de la presencia de Cristo.”

Piper también advirtió contra una actitud peligrosa: tratar de vivir en los márgenes del pecado sin cruzarlos. “Si realmente querés estar cerca de Dios, no deberías preguntarte qué tanto podés exponerte al pecado sin caer, sino cómo podés llenarte más del Espíritu.”

En sus reflexiones finales, animó a los oyentes a no coquetear con conductas que, aunque culturalmente aceptadas, debilitan la sensibilidad espiritual. “No preguntes si podés tener un poco de envidia o un poco de celos sin que sea pecado. Si tu deseo es vivir en plena comunión con Dios, ni siquiera deberías abrir esa puerta.”