Compassion International está llamando a miles de iglesias en África a prepararse con anticipación ante los posibles impactos de El Niño, que los expertos climáticos prevén especialmente fuerte hacia los últimos meses de 2026.
La organización cristiana, que trabaja junto a unas 8.000 iglesias locales en 29 países africanos, advirtió que muchas comunidades vulnerables podrían enfrentar inundaciones severas, desplazamientos, pérdida de cultivos y una crisis humanitaria prolongada si no se toman medidas antes de que comiencen las lluvias.
Faith Magadi, gerente senior de Respuesta ante Desastres de Compassion International, fue clara: la iglesia no debe esperar a estar en medio de la emergencia para actuar.
“La preparación no puede esperar a las lluvias”, advirtió.
Su llamado apunta a que las iglesias fortalezcan desde ahora sus vínculos con la policía, autoridades locales, agencias de emergencia, la Cruz Roja y organismos gubernamentales de gestión de desastres.
Prepararse antes, no durante la crisis
Magadi, con una década de experiencia en respuesta a emergencias, explicó que uno de los errores más frecuentes es intentar construir redes de ayuda cuando la crisis ya comenzó.
Por eso, Compassion está animando a sus iglesias asociadas a organizarse internamente, definir responsables, identificar recursos disponibles y establecer contactos antes de que el fenómeno climático golpee con fuerza.
La organización recomienda a cada iglesia revisar si su edificio puede resistir eventos extremos, si su fuente de agua está protegida ante inundaciones y si cuenta con elementos básicos como alimentos, linternas, teléfonos con batería de larga duración y números de emergencia.
También se les pide identificar a las familias más expuestas: hogares cercanos a ríos, personas con discapacidad, ancianos, familias encabezadas por niños y comunidades cuya fuente de trabajo podría quedar destruida por el agua.
El Niño y el riesgo para África
El fenómeno de El Niño puede alterar patrones climáticos en distintas regiones del mundo, provocando lluvias extremas en algunos lugares y sequías en otros.
Magadi señaló que, según los pronósticos actuales, existe una alta probabilidad de que varios países de África Oriental enfrenten inundaciones severas. Entre los países que Compassion considera directamente expuestos mencionó Kenia, Uganda, Etiopía, Tanzania y Ruanda.
Somalia también suele verse afectada históricamente por este tipo de eventos, aunque no forma parte de las operaciones de Compassion.
La especialista también advirtió sobre riesgos en África Occidental, especialmente en países como Ghana, Togo y Burkina Faso, donde algunas zonas ya comenzaron a experimentar lluvias por encima de lo esperado.
En el caso de Ghana, las inundaciones recientes en Accra dejaron muertos, desaparecidos, miles de hogares desplazados y decenas de miles de personas afectadas.
Una crisis que se suma a la pobreza
Para Compassion, el riesgo no es únicamente que haya una inundación. El problema mayor es cómo esa inundación golpea a familias que ya viven en condiciones de pobreza, con pocos ahorros, escaso acceso a servicios financieros y redes de apoyo muy limitadas.
Magadi explicó que una inundación puede desatar una cadena de consecuencias.
Una familia puede ser desplazada entre septiembre y noviembre, quedar lejos de su tierra y no poder sembrar. Luego, en enero, cuando llega la temporada seca, esa misma familia enfrenta la falta de alimentos sin reservas ni recursos para recuperarse.
“Una inundación se suma a la pobreza, se suma a una temporada de lluvias fallida, se suma a habilidades limitadas y a un acceso limitado a servicios financieros”, explicó.
Cuando varias vulnerabilidades se acumulan, una crisis que podría resolverse en tres meses puede extenderse mucho más tiempo.
La iglesia como faro comunitario
Magadi destacó que la iglesia local ocupa un lugar estratégico porque conoce de cerca la realidad de las comunidades.
Los líderes cristianos saben qué familias viven en zonas de riesgo, qué hogares están a cargo de adultos mayores, qué niños están más expuestos y quiénes podrían necesitar ayuda urgente para evacuar.
“La iglesia literalmente se convierte en nuestro punto de referencia”, afirmó, comparándola con un faro.
En muchas comunidades, la iglesia tiene acceso a los hábitos, creencias y formas de pensar de las familias. Eso resulta clave porque, aun cuando las autoridades saben que ciertas casas quedarán bajo el agua, muchas personas se resisten a moverse y prefieren esperar para ver qué ocurre.
Allí, los pastores y líderes locales pueden cumplir un rol decisivo: advertir, acompañar, organizar y ayudar a que las familias tomen decisiones antes de que sea demasiado tarde.
Cuatro pasos para los próximos meses
Consultada sobre qué deberían hacer los líderes cristianos africanos en los próximos tres meses, Magadi resumió la preparación en cuatro áreas.
Primero, la iglesia debe organizarse internamente: definir quién coordina, quién se comunica con el gobierno, quién contacta a la Cruz Roja y quién activa la ayuda local.
Segundo, debe reunir equipamiento básico, como linternas, teléfonos sencillos que mantengan carga por varios días, contactos de ambulancias, policía y autoridades locales.
Tercero, debe mapear la vulnerabilidad de su comunidad: identificar viviendas cerca de ríos, personas con discapacidad, ancianos solos, hogares encabezados por menores y familias cuya subsistencia podría quedar interrumpida.
Cuarto, debe ayudar a los hogares a prepararse dentro de sus posibilidades. Magadi reconoció que pedir a una familia que vive al día que ahorre dinero puede ser difícil o incluso imposible. Por eso, el enfoque es crear conciencia y permitir que cada familia actúe según sus recursos reales.
Trabajar con autoridades y otras organizaciones
Compassion International no busca que las iglesias respondan solas.
La organización trabaja con organismos cristianos como el Consejo Nacional de Iglesias de Kenia y entidades equivalentes en otros países, además de promover la cooperación con instituciones gubernamentales y organizaciones de respuesta humanitaria.
Magadi recordó que, en la mayoría de los países, la gestión de desastres es una función del gobierno. Por eso, las iglesias deben alinearse con las estructuras existentes, conocer a las autoridades locales y colaborar con actores como la Cruz Roja.
La meta es que, cuando llegue una emergencia, la iglesia no esté improvisando, sino funcionando como parte de una red coordinada de protección comunitaria.
Prevenir salva vidas y recursos
Compassion insiste en la preparación porque responder después de una catástrofe suele ser más costoso, más lento y más doloroso.
Magadi citó investigaciones que muestran que cada dólar invertido en preparación puede ahorrar alrededor de siete dólares en respuesta posterior.
La FAO y el Programa Mundial de Alimentos han planteado una lógica similar al pedir financiamiento internacional para acciones anticipatorias frente a El Niño.
Según estos organismos, actuar antes del impacto puede proteger vidas, cultivos, ganado, viviendas y medios de subsistencia, reduciendo la magnitud de la emergencia cuando finalmente llega.
Fe en medio de un trabajo difícil
Magadi reconoció que el trabajo en desastres suele ser duro y, muchas veces, desalentador.
“En este sector no hay muchas buenas noticias”, admitió.
Sin embargo, señaló que en los últimos años ve señales de mayor conciencia. El hecho de que gobiernos y organizaciones convoquen reuniones preventivas antes de las emergencias muestra, según ella, que la preparación empieza a ser tomada más en serio.
También explicó que su fe en Dios es lo que la sostiene emocionalmente en un trabajo marcado por tragedias, pérdidas y necesidades enormes.
Dijo que, aunque su aporte pueda parecer apenas una gota en el océano, sigue queriendo estar presente, ayudar y contribuir cada vez que ocurre un desastre.
Una respuesta cristiana antes del desastre
El llamado de Compassion International plantea una enseñanza clara para la Iglesia: la compasión no empieza cuando las cámaras muestran la tragedia. Empieza antes, cuando todavía hay tiempo para advertir, preparar, organizar y proteger.
En regiones vulnerables de África, las iglesias no solo predican el Evangelio. También conocen a las familias, acompañan a los niños, sostienen redes comunitarias y pueden convertirse en puntos clave de respuesta cuando llega una emergencia.
Ante la amenaza de lluvias extremas, inundaciones y desplazamientos, Compassion está llamando a esas congregaciones a actuar como verdaderos faros: atentos, organizados y listos para servir.
Porque prepararse no es falta de fe. Es una forma concreta de amar al prójimo antes de que la tormenta llegue.