Los cristianos detenidos fueron enviados a ese campamento sin decirles cuándo regresarían. Algunos se quedaron allí durante un mes, otros durante medio año y otros llevan allí más tiempo. Las familias cristianas han quedado devastadas luego de que uno o ambos padres fueron llevados a esa «re-educación».

«No sé dónde está mi esposo ahora, pero creo que Dios todavía lo usa en las prisiones o los campos. A veces me preocupa que no tenga suficiente ropa para mantenerse caliente en la prisión», expresó la esposa de uno de los detenidos.

Sinkiang es ahora el área más vigilada del mundo, según el Wall Street Journal. Hay vehículos blindados en la calle, estaciones de policía en cada esquina y miles de cámaras de vigilancia, incluso los teléfonos inteligentes son supervisados.

Para los cristianos en Sinkiang, el precio de elegir el cristianismo es particularmente alto, ya que pueden experimentar la presión de las autoridades y la discriminación de sus familias y comunidades. «Siento que vivo en una gran prisión», dijo un cristiano residente en esta ciudad. ¡No cesemos de orar por nuestros hermanos en China!

Fuente: World Watch Monitor