El cristianismo enfrenta el riesgo de desaparecer en algunas zonas del mundo debido a una intensificación alarmante de la persecución religiosa, según advirtió David Smith, enviado especial del Reino Unido para la Libertad de Religión o Creencias (FoRB, por sus siglas en inglés). La advertencia llega mientras el gobierno británico lanza una estrategia renovada de política exterior, centrada en diez países donde las minorías religiosas sufren restricciones severas o violencia.

Smith, parlamentario del Partido Laborista por North Northumberland y cristiano comprometido con experiencia en organizaciones como Tearfund y la Sociedad Bíblica, presentó el nuevo enfoque durante una sesión informativa en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth. La estrategia busca priorizar la defensa de la libertad religiosa en contextos donde comunidades como cristianos, bahá’ís o musulmanes ahmadíes enfrentan persecución sistemática.

Los diez países identificados como prioridad son: Vietnam, Argelia, India, Nigeria, Pakistán, China, Siria, Ucrania, Afganistán e Irak. Según explicó Smith, esta selección se basó en la gravedad de las violaciones, las relaciones diplomáticas existentes y la posibilidad de generar avances significativos.

El enviado advirtió que la represión religiosa puede tomar múltiples formas, desde hostigamiento policial y discriminación social, hasta detenciones arbitrarias, restricciones a la ciudadanía, ataques a lugares de culto o incluso asesinatos. Mencionó estudios recientes que estiman que más de 380 millones de cristianos en el mundo viven bajo algún tipo de persecución, ya sea por parte de autoridades estatales o actores sociales.

Smith subrayó que la libertad religiosa está íntimamente ligada a otros derechos fundamentales, como la libertad de expresión, de conciencia y de reunión, y afirmó que la nueva política representa «un capítulo renovado» en la agenda exterior del Reino Unido.

Pese a que solo tres de los países priorizados (Nigeria, Pakistán y Afganistán) figuran entre los diez con mayor nivel de persecución según la Lista Mundial de Vigilancia elaborada por la organización Puertas Abiertas, Smith aseguró que otros países altamente críticos, como Corea del Norte, Yemen o Eritrea, siguen siendo objeto de vigilancia y acciones diplomáticas.

Entre los ejemplos mencionados, destacó la situación de la comunidad ahmadí en Pakistán —no reconocida oficialmente como musulmana—, la represión de los bahá’ís en Irán y la brutal persecución de los cristianos en Corea del Norte, país donde el cristianismo está prácticamente erradicado.

Smith enfatizó que defender la libertad de creencias no solo es un deber moral, sino una herramienta para construir sociedades más estables. Señaló que la intolerancia religiosa puede alimentar conflictos, divisiones sectarias y crisis prolongadas, por lo que abordar este tema es clave para la prevención de futuras inestabilidades.

La nueva estrategia del Reino Unido para la defensa de la libertad religiosa se articula en cinco líneas de acción:

  1. Defensa en organismos multilaterales como la ONU y la OSCE.
  2. Incorporación del tema en la diplomacia bilateral, instando a embajadas y consulados a abordar esta libertad en sus respectivos contextos.
  3. Fortalecimiento de alianzas internacionales centradas en la libertad religiosa.
  4. Integración transversal del tema en los programas de derechos humanos del Ministerio de Asuntos Exteriores.
  5. Colaboración con organizaciones civiles que promuevan el respeto y la convivencia interreligiosa.

Durante la presentación, el ministro de Derechos Humanos, Lord Collins de Highbury, reafirmó que el respeto a los derechos y al Estado de derecho fortalece la estabilidad y la prosperidad global. Destacó algunos logros recientes, como la liberación del activista nigeriano Mubarak Bala y del pastor cubano Lorenzo Rosales Fajardo, como ejemplos de incidencia diplomática eficaz respaldada por el Reino Unido.

Collins expresó que el objetivo es construir un mundo donde todas las personas puedan ejercer su fe —o elegir no tenerla— sin miedo ni represalias.

En abril, Smith había recordado que el compromiso británico con la libertad religiosa se fundamenta también en su propia historia: de ser un país que persiguió creencias diferentes a convertirse en una sociedad pluralista, lo que otorga legitimidad al Reino Unido para liderar en este ámbito a nivel internacional.

El cargo de enviado especial fue creado tras un informe publicado en 2019 por el entonces obispo de Truro, Philip Mounstephen, que señalaba una falta de conciencia en el cuerpo diplomático británico sobre la magnitud de la persecución religiosa en el mundo. El informe dio lugar a recomendaciones concretas para integrar la libertad de religión como eje permanente de la política exterior.

Smith concluyó señalando que la defensa de este derecho no solo protege a los perseguidos, sino que puede abrir nuevas oportunidades de desarrollo y libertad en los países represores. Afirmó que continuará presionando para que el Reino Unido mantenga este compromiso como prioridad internacional.

Por su parte, medios cristianos han denunciado que, a pesar de estas iniciativas, los grandes medios de comunicación británicos apenas cubren los ataques contra cristianos en el mundo, según un estudio reciente de Jersey Road PR.