Conversamos con Cristian Gómez Macías, filósofo, académico de la UNAM y presidente de Maná, Museo de las Sagradas Escrituras, sobre dos de las actividades a las que dedica gran parte de su tiempo: promover la Biblia, así como documentar los casos de persecución contra evangélicos y la denuncia de esos casos.

P. ¿Por qué se llama así la organización que presides?

R. Maná, Museo de las Sagradas Escrituras (Museo de la Biblia) se fundó en el año 2000. Es una asociación civil de corte e interés cultural conformada por personas que reconocen la importancia de la Biblia, como sustento de fe y como documento histórico, literario, con implicaciones filosóficas y generador de arte y cultura.

Se ha dedicado a reunir y preservar ejemplares significativos por su valor bibliográfico e histórico y ha realizado más de 100 exposiciones en la Ciudad de México y otros lugares de la República. Ha establecido un programa de diplomados de Ciencias Bíblicas, Idiomas Bíblicos, Teología y Filosofía de la Religión.

Algunas instituciones con las que ha colaborado incluyen a la Universidad Nacional Autónoma de México, el Colegio de México, la Universidad Autónoma Metropolitana, el Instituto Politécnico Nacional, las universidades Autónoma de Tabasco, Autónoma del Estado de México, Iberoamericana, Lasalle, Claustro de Sor Juana, y la Biblioteca de México, el Sistema de Transporte Colectivo Metro, además de distintos centros culturales, dependencias de gobierno y organizaciones religiosas de diversas denominaciones, tanto católicas como evangélicas.

P. ¿Cuáles son los principales objetivos del Museo?

R. Difundir la historia del libro más significativo de la cultura universal, en tanto que ha sido el más leído, impreso, traducido y perseguido del mundo, para que se comprenda que es uno de los pilares de la cultura de occidente, pues nuestra civilización es hija de la cultura semita y de la griega.

Pero en tanto que es el libro más perseguido, nos identificamos con el cultivo de la tolerancia y el respeto a las diferencias, y el papel de la Biblia como fundamento de religiones para superar fanatismos que desembocan en luchas religiosas, las cuales no han sido provocadas por la Biblia, sino por el desconocimiento de ella y la predominancia de factores políticos y económicos.

Por ello nuestro Departamento por la Libertad Religiosa apoya a personas y grupos perseguidos, agredidos o discriminados por su fe en la Biblia.

Levantamos la voz por aquellos que no son escuchados; por aquellos que no tienen voz; quienes sufren la creciente ola de agresiones por motivos religiosos en nuestro país. Verdaderamente alarmante porque estamos en pleno siglo XXI y suponemos que estamos en un país democrático, donde la Constitución garantiza la libertad de culto.

Defendemos a los triple y cuádruplemente discriminados, ¿por qué triple y cuádruplemente? Primero porque son indígenas, son discriminados; segundo porque son pobres, tercero porque son evangélicos, y en el caso de las mujeres, porque son mujeres.

P. ¿Por qué están a favor del estado laico?

R. Un gobierno que no ejerce realmente la laicidad comete atropellos como en México. Los encargados de aplicar las leyes, de aplicar la justicia, no han hecho su labor. En el mejor de los casos pretenden citar a una mesa de diálogo.

¿Por qué tenía que haber una mesa de diálogo cuando alguien ha cometido delito? Cuando se viola la ley, cuando se agrede y se comete asesinato, en vez de hacer una detención, aplicar la ley y dictar la sentencia correspondiente; el gobierno en sus tres niveles, municipal, estatal y federal, busca la conciliación con los agresores y desampara a los agredidos.

Es decir, la garantía constitucional de la libertad de religión, de creencia, fue violada con el pretexto de usos y costumbres y hasta la fecha son treinta y cinco mil indígenas sólo en Chiapas que han tenido que abandonar sus parajes e instalarse en los cerros alrededor de San Cristóbal de las Casas.

Pero los no católicos han sufrido clausura ilegal o negación de permisos de construcción, regularización o apertura de templos, encarcelamientos injustos, obstaculización por parte de funcionarios para realizar visitas de apoyo espiritual a reclusos, hospitalizados; discrecionalidad en el uso de los medios de comunicación que dificulta la manifestación de opiniones; negación de permisos para actos culturales y proyectos educativos de las asociaciones religiosas minoritarias.

Estos son actos que México ha sufrido desde su nacimiento en la Colonia y desde su etapa independiente por el monopolio de la religión católico romana; pero en pleno siglo XXI las intolerancias y agresiones contra todo el que ejerce su derecho a creer de manera diferente no se han terminado, y el gobierno mexicano es incompetente para garantizar la libertad y la tolerancia religiosa.

A las autoridades responsables de aplicar la justicia en los casos de intolerancia religiosa les tiembla la mano y en gran número de casos han rehuido el cumplimiento de sus deberes en contubernio con el clero, privando así a los ciudadanos de su libertad para practicar la religión que deseen y privilegiando al agresor, ya que a la víctima se le exige pasividad y sometimiento.

Pero la razón universal deja claro que no puede estar obligada ninguna persona, por el hecho de haber nacido en una comunidad, a permanecer siempre con las creencias y costumbres de esa comunidad, y que los derechos consuetudinarios son sistemas vinculados indisolublemente al conjunto de creencias e instituciones religiosas, que incluso muchas prácticas de la administración de justicia indígena son prácticas mágico-religiosas o juicios sumarios que no reconocen el derecho de apelación.

Tras las propuestas separatistas subyace el concepto de que los indígenas son unos incapaces a quienes hay que proteger y mantener en sus formas ancestrales, sin darles la oportunidad de integrarse a las sociedades modernas.

Así lo confirman los voceros de la iglesia católica, apersonados en los antropólogos y juristas que luchan porque se establezcan autonomías indígenas, que desintegrarán a la nación y elevarán el derecho corporativo y privado por sobre el derecho general; y todo con el objeto de evitar que los indígenas conozcan otras filosofías y religiones que no sean el sincretismo que la iglesia católica impuso durante la Conquista y que hoy quiere llamar “nuestras raíces”.

P. ¿Cuáles casos de intolerancia religiosa en México son los más recientes?

R. En este momento hay más de cincuenta casos de despojo y expulsión contra indígenas no católicos tan sólo en el estado de Chiapas sin resolverse. En el mejor de los casos el gobierno propone a las víctimas darles otros terrenos en lugares distantes, en vez de salvaguardar sus derechos y garantizar la seguridad jurídica del ciudadano, lo cual es la función del Estado. Este problema en su etapa última tiene ya 50 años.

Mexicanos balaceados, linchados, quemados, mujeres violadas, templos cerrados, niños impedidos de ir a la escuela. Muchos indígenas evangélicos que no salieron de sus parajes, siguen siendo hostigados hasta hoy, el año 2015, se les niegan los programas sociales gubernamentales y muchos de ellos están constantemente encarcelados porque no aportan la cuota para el santo patrono católico de los distintos pueblos.

En México, el alto clero católico –y no estamos hablando contra los católicos ni contra la fe sencilla de la gente–, sino denunciando a algunos miembros del clero que por intereses políticos económicos instigan a sus feligreses a las agresiones contra los miembros de otras religiones.

La iglesia Católica, desde el Vaticano, está intentando que, en algunos países como España, y por supuesto en México, todos los grupos no católicos sean calificados como sectas, lo cual, obviamente, nos remite a que el problema es muchísimo más de fondo.

La diócesis de San Cristóbal emitió desde 2012 una circular a las comunidades indígenas católicas de esa zona para que no permitan que se practique la religión evangélica, firmada por el obispo Felipe Arizmendi Esquivel.

No vemos que se levante la voz de la Comisión Nacional de Derechos Humanos ni del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. Así, la discriminación se da también por parte del gobierno.

Y por supuesto los medios de comunicación no difunden estas noticias, muchas veces instruidos por la orden de la Secretaría de Gobernación. Hacia el exterior, el gobierno afirma que en México no hay persecución religiosa.

Un caso de tan sólo el 10 de mayo último: en Santa Fe de la Laguna, Municipio de Quiroga, Michoacán, fue destruido el templo en construcción, de la Iglesia Apostólica de la fe en Cristo Jesús. Una multitud dirigida por Félix Pérez Gaspar y Aristeo Huacuz, interrumpieron el culto dominical, agrediendo física y verbalmente al pastor Ángel Gutiérrez.

Los agresores incendiaron el local de culto que se utilizaba desde hace varios años, y luego con un tractor y mazas destruyeron los cimientos y las paredes del nuevo templo que estaba en construcción.

Las autoridades de la comunidad amenazan con destruir el otro templo evangélico, sin base legal alguna y violando toda idea de libertad religiosa. Y hace también unos días, el 9 de mayo, 20 familias evangélicas que habitaban en diferentes municipios de la Huasteca emigraron hacia otros puntos dentro y fuera del estado, debido a la intolerancia y persecución religiosa.

En los últimos tres años suman ya más de 150 hidalguenses que abandonan sus hogares debido a la presión de grupos de católicos.

P. ¿Los liderazgos de las iglesias evangélicas se movilizan para defender a quienes son hostigados o perseguidos a causa de su fe?

R. En general no se han movilizado ni han hecho lo podrían y deberían. Hay que reconocer que gran parte del problema es la desunión entre las distintas denominaciones evangélicas, provocada entre otras razones por la tendencia de algunos líderes a enseñar una religión materialista, de supuesta prosperidad como sinónimo de fe.

Así, hay más preocupación por el dinero que por afrontar conflictos que por el momento están muy lejos. El interés de quedar bien con las autoridades. Hay líderes de denominaciones que han negociado con autoridades de gobierno a cambio de que ellos reciban beneficios a pesar de dejar a sus feligreses abandonados al conflicto.

Los hay que defienden su comodidad y teniendo la responsabilidad de defender, pretenden ignorar el problema y minimizarlo.

La superstición que pone el énfasis en ritos y oraciones para solución de problemas y que olvida que la cruz, el sufrimiento la persecución son parte de la fe y que estamos llamados a sufrir con los sufren.

Los predicadores de un cristianismo burgués incluso han cerrado los ojos a la realidad de que en México hay persecución religiosa.

Otros se han casado con la teología de izquierda y se han aliado a uno de los sectores que promueve o justifica esa persecución en el sureste del país. También existen algunos abogados evangélicos que han traicionado a sus hermanos y los han vendido. Les han esquilmado su dinero y no los han defendido.

Por ello hago una invitación a la comunidad internacional a protestar a favor de los perseguidos y a exigir al gobierno que impida la repetición de casos como el del antisemitismo, que se inició con la discriminación y terminó con el Holocausto (una intelectual mexicana, frente al informe de agresiones, contesto: “¡ah!, pero, son evangélicos, ¿no?” –como si ello justificara hoy la agresión y mañana el exterminio–; igualmente habrá que pedir a la Iglesia Católica coherencia entre su discurso ecuménico y sus acciones de persecución tras bambalinas.