La iglesia comienza su camino de retorno a la normalidad, la misma que había dejado por la pandemia hace muchos meses, muchos movidos por el entusiasmo y la nostalgia creían que el volver a abrir los templos, los cultos serían una explosión de alegría y felicidad, pero los que teníamos otros número de otros lugares del mundo los análisis arrojaban otra realidad, una merma considerable en las membresías.

Al volver a abrir las puertas de la iglesia, no había una fila esperando, de acuerdo a datos que arrojaban las transmisiones que eran visitada por un sin número de internautas que se conectaban no se traslado el mismo impacto al culto presencial, sumado los miedos que todavía subsiste en la población. Por otro lado faltaron los guerreros que por su edad avanzada forman parte del grupo de riesgo y por decisión propia o consejo familiar se quedaron en casa.

Pasamos a una realidad que nos vuelve a golpear, y vemos que a muchos los comienza a despertar los nuevos números que en su deseo les marcaba otro panorama. Había quienes creían que al regreso no podrían recibir a tanta gente que los seguía en cada trasmisión y hoy eso ya no es así. También hay que entender que el peligro todavía sigue latente, muchos guerreros partieron a la presencia del Padre, pongámonos una meta mucho mas realista y no nos dejemos manejar con nuestros deseos para que en el avanzar no tengamos que desilusionarnos.

Hoy la perspectiva debe ser que volvemos de una guerra, hay quienes regresan con heridas muy profundas, otros con perdidas irreparables. Tampoco neguemos que hay quienes el miedo les sigue ganando la batalla y dispongámonos a sobrellevar los unos la carga de los otros. En muchos casos no volveremos a ser como éramos, hoy mucha humanidad se pone al descubierto y esas partes del cuerpo de Cristo menos decorosas tratemos de vestirlas con mayor decoro, hoy esforcémonos a aliviar a todo atormentado y seamos sinceros con los que nos rodean.

En otro tiempo los escalafones dentro de la iglesia parecían bien marcados pero hoy debemos vernos todos como soldados de un mismo ejército con un solo enemigo, no dejemos en el campo de batalla a nuestros amigos, tomémonos el tiempo de ser solidarios unos con otros. Levantemos al caído y cualquiera sea nuestro rol en el puesto de combate.