Todos nosotros nos proponemos metas a alcanzar cada día, pero entre el deseo de alcanzarlas y su cumplimiento siempre atravesamos procesos.

Es ahí donde me quiero detener hoy. ¿En qué parte del proceso estas? ¿Estás disfrutando el proceso? Muchos hemos emprendido por una palabra que recibimos con fe, otros porque simplemente vimos una buena oportunidad de negocios y otros sin darse cuenta se vieron envueltos en el mundo empresarial, tal vez al tener que tomar el control de una empresa familiar. Sea cual sea la razón por la que avanzamos en los negocios la meta que todos compartimos es la misma, “el éxito”. Nadie inicia un negocio para que le vaya mal, o por lo menos nadie en su sano juicio.

Pero entre el inicio y el éxito de un negocio hay un camino que los conecta, un proceso que atravesamos todos los días. De muchas personas famosas que aparecen en las principales revistas se cuenta la actualidad, ya convertidos en magnates, pero son muy pocos los que cuentan cuantas veces fallaron hasta llegar ahí.

Es por eso que cuando miramos estas figuras como el ejemplo a seguir lo hacemos siempre sobre el resultado final, y nos frustramos porque no vemos la realidad, las horas de trabajo que tuvieron que dedicar para lograrlo, el tiempo de capacitación, los errores que han cometido, y muchas cosas más. Si bien no es aconsejable compararse con nadie porque somos únicos e irrepetibles, solemos mirar a otros para inspirarnos como cuando leemos la Biblia, nos inspiramos en la vida de tantos hombres y mujeres de Dios. Josué fue un hombre que tuvo a Moisés como mentor, para convertirse en el hombre que guiaría al pueblo de Dios y tomaría el lugar de Moisés tuvo que pasar muchos años bajo la dirección de su mentor, trabajando, siendo fiel como en el momento que fue como espía a la Tierra prometida, acompañando a Moisés cuando iba a la Presencia de Dios, fue un proceso de preparación que lo hizo el sucesor, un hombre exitoso en las conquistas y en las batallas.

En la parábola de los talentos fue en el proceso que los que tenían cinco y dos talentos los multiplicaron, para que cuando viniera el dueño de los talentos pudieran rendir cuentas de cómo se habían administrado.

No subestimemos los procesos, son necesarios en el camino al éxito. Aprendamos rápido lo que es bueno y nos ayuda a potenciarnos, des-aprensamos aún más rápido lo que nos está deteniendo, frustrando o alejando del propósito de Dios para nuestras vidas, y re-aprendamos de una manera mejor las cosas que no estábamos haciendo tan bien.

Utilicemos el proceso para desarrollar nuevas habilidades, buenos hábitos y sobretodo una total dependencia de Dios para administrar lo que Él ha puesto en nuestras manos porque aún medio de la crisis Sus planes siguen siendo de bien y no de mal, para darnos un futuro y una esperanza.

 

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