La combinación del COVID-19 y el aumento de la actividad terrorista en Nigeria ha dejado a los cristianos del país expuestos plenamente al peligro, dijo el líder de un grupo por los derechos humanos, Daylop Salomon.

«La vida se ha vuelto brutal. Hace que desees no haber nacido en esta parte del planeta. No hay salida», dijo el CEO del Centro de Emancipación para Víctimas en Crisis en Nigeria. «Detrás de nosotros están los Egipcios, y en frente el Mar Rojo.»

El gobierno de Nigeria ha advertido a los cristianos que se queden en sus hogares por la pandemia de COVID-19, dijo Salomon. Pero si permanecen en sus domicilios encerrados, no pueden escapar cuando los grupos terroristas atacan. El gobierno falla en responder a los ataques, los cuales se han incrementado en toda Nigeria. En 2020, los grupos de derechos humanos estimaron que cerca de 2.200 cristianos fueron asesinados por militantes radicales islámicos.

Desde 2009, 34.000 cristianos han muerto ha manos de estos radicales.

«Antes de ésta temporada, los ataques se concentraban solamente en algunas comunidades, pero ahora lo podemos ver completamente esparcidos. Sólo algunos estados no han sido alcanzados por el terror», remarcó.

«Los ataques durante la pandemia están teniendo consecuencias a largo plazo. Muchos nigerianos dependen de la siembra para sobrevivir. Desde que los radicales Fulani destruyen a menudo sembradíos en sus ataques, también la economía de los granjeros se ve destruída», enfatizó Salomon. «Las restricciones del COVID-19 no les permiten dejar esas tierras en busca de unas nuevas dónde sembrar.»

«Las dos cosechas estacionales que tenemos en Nigeria se han visto agravadas por los ataques de los Fulani justo antes de poder recojer los frutos», contó Salomon. «Habiendo invertido lo poco que un individuo tenía para sembrar para su familia, de la noche a la mañana ve todos sus sueños destrozados por la barbarie de los ataques. No habrá alimento para la familia, y el gobierno no provee ayuda social para paliar la situación.»

Entre el COVID-19 y los raids delictivos de los Fulani, se estima que solo uno de cada cinco granjas nigerianas logrará cosechar lo sembrado en la temporada. La nación nunca ha visto la destrucción de tantos sembradíos, y es probable que los nigerianos enfrenten hambrunas en 2021.

«El hambre lleva a las personas a la desesperación», remarcó Salomon. «La gente se vuelva a la delincuencia, la prostitución y a la venta de niños para esclavitud con tal de sobrevivir.»

«Esta pandemia debería habernos unido para ver cómo podíamos salir adelante de la tragedia. Sin embargo, el COVID-19 resultó en la total soltura del terrorismo», dijo.

Estados Unidos agregó a Nigeria a una lista de países dónde se advierten compromisos o tolerancia hacia la persecución religiosa.

Después de recibir amenazas de parte de los terroristas islámicos por su trabajo en derechos humanos, Salomon ha pasado la época navideña en total anonimato.

Este líder dijo que las amenazas le causan más tristezas que miedo.

«El tener que esconderse simplemente por comunicar la verdad, es una experiencia realmente triste», dijo «Esta no es la voluntad de Dios para el hombre. La verdad es Dios mismo, y algunos no quieren que se hable de Dios pues sus actividades malvadas quedarán expuestas.»

 

Fuente: The Christian Post