Un cristiano paquistaní que había pedido asilo en Tailandia contó que fue atacado por un grupo de radicales en una tienda de comestibles, dos días antes de Navidad y después de que su familia ha enfrentado años de lucha en su pedido de asilo y reubicación.

Faraz Pervaiz, un cristiano refugiado que escapó a Bangkok, Tailandia, desde Paquistán dónde había sido acusado de blasfemia, dice que sus continuos intentos de obtener su asilo ha sido constantemente denegados. Además, reclama que fue atacado por musulmanes hace un par de semanas debido a las acusaciones que carga.

Pervaiz, ministro que solía publicar críticas al Islam en sus redes sociales, huyó de Paquistán en 2014 después de que el enojo de radicales musulmanes creciera, a raíz de un video que publicó junto a su padre. Presionado por lo grupos extremistas, el gobierno lo acusó de blasfemia en 2017.

Aunque Paquistán es conocida por apresar en su mayoría a personas acusadas de blasfemia, Pervaiz dijo que su caso es el primero en la historia en que el gobierno mismo es quien acusa y levanta cargos de blasfemia contra un ciudadano.

Además, Pervaiz tiene sobre su cabeza precio que han puesto los radicales musulmanes como recompensa por su captura.

El primer monto es equivalente a una fianza de U$62,000 impuesta por el partido político Tahreek-e-Labbaik de Paquistán y rige desde hace un año y medio. Luego, el pasado enero, un líder radical que simpatiza con los talibanes, impuso una recompensa por Pervaiz el monto de U$124.000.

Desde que el paradero de Pervaiz en Bangkok fue descubierto por Internet el pasado Julio por un refugiado musulmán, Pervaiz y su familia han sido objeto de amenazas de muerte. A pesar de años de luchar en la Alta Comisión de Refugiados de Naciones Unidas por su reubicación, él siente que la entidad y la comunidad Internacional no están respondiendo para con su situación de necesidad.

«Estoy en una situación de indefensa total», explicó Pervaiz recientemente. «Creo que la Comunidad Cristiana no está tomando medidas serias para nuestra seguridad.»

Las amenazas de muerte se incrementaron a partir del 23 de diciembre.

Pervaiz dijo que iba a la casa de sus padres cuando paró en una tienda de comestibles para comprar algunos dulces. Al entrar, fue confrontado por un musulmán refugiado conocido, de nombre Muhamad.

Según Pervaiz, Muhamad llegó el pasado Abril para que él lo baurizara en el nombre de Cristo. Aunque Muhamad se bautizó enfrente a toda la congregación, el bautismo resultó ser un engaño, parte de una inteligencia para averiguar sobre la vida de Pervaiz.

Una vez dentro de la tienda, Muhamad abordó a Pervaiz diciéndole que «debía morir por blasfemo».

Después de un argumento verbal, Muhamad usó su teléfono celular para llamar a sus amigos. En pocos minutos, tres hombres más aparecieron.

«Sin perder el tiempo, se abalanzaron contra mí», dijo Pervaiz. «Comenzaron a golpearme brutalmente. Estaban como leones hambrientos sobre mi.»

Durante el ataque, el hombre presionaba fuertemente el cuello de Pervaiz. Pero con la ayuda de otros dos cristianos refugiados que entraron a la tienda y junto al dueño, Pervaiz escapó.

El hombre persiguió a Pervaiz hasta dentro del carro, un regalo que un amigo le dio por seguridad, para que no se movilizara en transporte público.

Cuando al fin pudo soltarse, Pervaiz comenzó a conducir hasta que salió de la ciudad.

«Ellos intentaban matarme», remarcó. «Creo que las recompensas que pesan sobre mi cabeza son un gran incentivo.»

Además, después del ataque, la familia también recibió amenazas.

Pervaiz fue tratado por las heridas en un hospital dos días después.

Aunque él y su familia han estado a la espera de asilo por años, no están siquiera cerca de obtener una reubicación. Sin embargo, otras familias que llegaron después ya tienen su situación resuelta.

«Las Naciones Unidas y el programa de Refugiados no hace nada por ayudarme a mi y a mi familia», reclamó. «La policía que está a cargo de nuestra protección confesó que nuestro caso es muy complicado.»

Pervaiz además solicitó ayuda a organizaciones cristianas, dónde tampoco consiguió el acompañamiento que necesita.

Con su familia en el limbo, él continúa hablando públicamente acerca de su caso y espera ser de ayuda para aquello acusados de blasfemia en Paquistán también.

«Quiero ser la voz de aquellos que atraviesan un caso como el mío.»

«Creo que cuando otros cristianos del mundo sepan de mi situación y eleven sus oraciones, Dios abrirá un camino para mí. Creo que algo sucederá. Creo en los milagros. Dios lo hará, en el Nombre de Jesús.»

 

Photo by REUTERS/Saeed Ali Achakzai/Files