CONGO, ÁFRICA. – Después de violentos ataques producidos contra unas aldeas, al Este de la República Democrática del Congo (RDC), la semana pasada, al menos 17 cristianos fueron asesinados. Según las autoridades locales, estas masacres se han vuelto cada vez más frecuentes.

El administrador de la región de Beni, Bernard Kalonda Amisi, afirmo que “El enemigo resistió el ataque y el avance del ejército, e incluso logró matar y decapitar a las personas que se encontraban en sus casas”.

El general Jean Baillaud, que dirige las fuerzas de la misión de la ONU en la región, confirmó que hay 17 muertos. Los expertos militares consideraron que se trató de un ataque político, y se lo atribuyeron a los rebeldes ugandeses de las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF, por sus siglas en inglés). Se considera que ellos son los responsables de la muerte de más de 500 civiles desde 2014.

Sin embargo, la World Watch Monitor, que monitorea la persecución explica que el número de muertos llegaría a 38 víctimas fatales, incluyendo miembros de la Iglesia Communaute Evangelique au Centre de l’Afrique. La motivación, más que política, sería altamente religiosa, ya que estos asesinos, integrantes de la ADF, son musulmanes que pretenden conquistar el país.

Un misionero ha informado que miles de personas han huido de la región porque el gobierno no tiene el control sobre la situación de extrema violencia. Asimismo, un pastor que prefiere permanecer en el anonimato, dijo que las personas están “aterrorizadas”.

Otra información proveniente de Open Doors da cuenta de que militantes islámicos que operan en la República Democrática del Congo concentran sus actividades en esa área del país donde el 95% de la población son cristianos.

Hace un año, a través de una Carta que se dio a conocer públicamente, los líderes cristianos de la provincia de Bukavu, denunciaron que esta situación de extrema violencia había convertido la zona en un “clima de genocidio”, y criticaron duramente la pasividad del Estado congoleño como también a la comunidad internacional.

El informe también expresaba que los ataques fueron una táctica jihadista para forzar el desplazamiento de la población hacia otros lugares, y así los rebeldes de la ADF, ocupar poco a poco esas tierras e instalar bases de entrenamiento para terroristas con motivaciones religiosas.