Una iniciativa nacida después de un partido de fútbol americano terminó convirtiéndose en uno de los espacios espirituales más significativos para los estudiantes de una escuela secundaria cristiana de Colorado.
Desde que comenzó el programa “5th Quarter” —“Quinto Cuarto”— en 2024, 96 estudiantes fueron bautizados durante encuentros de adoración realizados después de competencias deportivas en Valor Christian High School, ubicada en Highlands Ranch.
La reunión más reciente tuvo lugar el viernes pasado, después de un partido de fútbol americano que el equipo local perdió en los últimos instantes.
Pero una vez terminado el encuentro deportivo, comenzó otro tipo de celebración.
Esa noche, 17 estudiantes fueron bautizados frente a compañeros, padres, entrenadores, docentes y miembros de la comunidad.
Un “quinto cuarto” dedicado a Dios
La idea surgió de Jessika Caldwell, subdirectora de deportes para formación espiritual de la institución.
Caldwell contó que tiempo atrás leyó sobre un grupo de jugadores de fútbol americano de la Universidad Estatal de Ohio que habían organizado un evento evangelístico en su campus, donde atletas compartieron sus testimonios y se ofreció a otros estudiantes la posibilidad de bautizarse.
La historia la conmovió.
Días después, mientras conducía hacia la escuela en oración, comenzó a preguntarse por qué no podían hacer algo similar en Valor Christian.
“¿Por qué no podríamos hacer algo así en nuestra escuela secundaria?”, recordó haber sentido en su corazón.
Así nació “5th Quarter”.
La escuela comenzó a realizar estos encuentros dos veces durante cada año académico, reuniendo habitualmente a varios cientos de personas.
Llevar la adoración donde están los estudiantes
Caldwell explicó que su intención era sacar la experiencia espiritual de los espacios tradicionales.
Quería acercarse especialmente a estudiantes deportistas que muchas veces enfrentan presión, expectativas, competencia y preguntas sobre su propia identidad.
“A veces los espacios deportivos se convierten en esos lugares”, señaló.
Su oración, dijo, era crear un ambiente donde los jóvenes pudieran encontrarse con Dios precisamente en un lugar donde quizá no esperaban hacerlo.
Por eso, después de los partidos, el campo y las instalaciones deportivas se transforman en espacios de adoración, testimonios y bautismos.
La iniciativa reúne no solo a atletas, sino también a estudiantes de distintas áreas, entrenadores, profesores, padres y vecinos.
96 estudiantes bautizados
Desde el lanzamiento del programa en el otoño de 2024, 96 alumnos recibieron el bautismo durante cinco encuentros.
Para las autoridades de Valor Christian, el número es significativo, pero las historias individuales son todavía más importantes.
Andrew Shepardson, director de integración y descubrimiento cristiano de la escuela, recordó el caso de un joven atleta que lo contactó antes del último evento para comunicarle que quería bautizarse.
El estudiante parecía tener muchas cosas a su favor: talento deportivo, inteligencia y carisma.
Sin embargo, según Shepardson, necesitaba tomar personalmente una decisión respecto de su fe.
Sus padres estuvieron presentes para acompañarlo.
Cuando salió del agua, recordó el dirigente, estaba radiante por lo que Dios estaba haciendo en su vida.
Una fe que debe hacerse propia
La experiencia reforzó una convicción entre los responsables espirituales de la escuela: crecer dentro de un ambiente cristiano no significa automáticamente haber desarrollado una relación personal con Cristo.
Muchos alumnos conocen la Biblia, asisten a actividades cristianas y provienen de familias creyentes.
Pero llega un momento en el que cada joven debe decidir si la fe que recibió de otros también será la suya.
Por eso, los líderes de Valor Christian entienden el bautismo como una expresión pública de una decisión personal de seguir a Jesús.
No se trata simplemente de participar de una tradición escolar.
Es un paso de obediencia y una declaración pública de fe.
¿Una Generación Z más abierta a Dios?
Shepardson considera que la respuesta de los estudiantes a estos encuentros demuestra que existe una apertura espiritual significativa dentro de la Generación Z.
“La Generación Z tiene un corazón receptivo hacia Dios”, afirmó.
Pero también advirtió que los grandes eventos por sí solos no son suficientes.
Después de trabajar con miles de estudiantes, señaló que nada puede reemplazar el modelo bíblico de mentoría, discipulado y conexión personal.
Los jóvenes necesitan adultos que los acompañen, escuchen sus preguntas y caminen junto a ellos en su crecimiento espiritual.
El entusiasmo de una noche debe convertirse después en una fe sostenida en el tiempo.
Fe en medio de la vida cotidiana
Valor Christian High School fue fundada en 2005 como una escuela privada de preparación universitaria y actualmente cuenta con más de 1.100 estudiantes.
La institución siempre incorporó la formación cristiana dentro de sus programas, pero nunca había desarrollado anteriormente una propuesta como “5th Quarter”.
La diferencia está precisamente en el lugar donde ocurre.
El encuentro no obliga a los alumnos a salir de su realidad cotidiana para buscar un espacio espiritual. Lleva la adoración directamente al ambiente donde pasan gran parte de su vida: los deportes, los partidos y la convivencia escolar.
Para Caldwell, esa puede ser una herramienta especialmente poderosa.
Su deseo ahora es que otras escuelas del país también busquen formas creativas de abrir oportunidades para que los estudiantes conozcan a Jesús fuera de los formatos habituales.
El bautismo como comienzo
Los 96 bautismos representan un momento de celebración para Valor Christian, pero sus líderes insisten en que no constituyen el final del proceso.
El desafío comienza después.
Cada estudiante necesita continuar creciendo, ser discipulado y aprender a vivir su fe más allá de una reunión emotiva o de un momento frente a sus compañeros.
Los líderes de la escuela esperan que estas experiencias permitan construir relaciones más profundas entre estudiantes, mentores y familias cristianas.
En una generación frecuentemente marcada por preguntas sobre identidad, presión social y necesidad de pertenencia, la respuesta de estos jóvenes está llamando la atención.
Después de los partidos, cuando las tribunas podrían simplemente vaciarse y las luces apagarse, cientos de personas permanecen.
Adoran, escuchan testimonios, oran.
Y algunos entran al agua para declarar públicamente que quieren seguir a Cristo.