• 20 Y cuando llegaron a Samaria dijo Eliseo: Jehová, abre los ojos de éstos, para que vean. Y Jehová, abrió sus ojos, y miraron, y se hallaban en medio de Samaria. 21 Cuando el rey de Israel los hubo visto, dijo a Eliseo: ¿Los mataré, padre mio?
  • 22 Él le respondió: No los mates. ¿Matarías tú a los que tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua, para que coman y beban, y vuelvan a sus señores.
  • 23 Entonces se les preparó una gran comida; y cuando habían comido y bebido, los envió, y ellos se volvieron a su señor. Y nunca más vinieron bandas armadas de Siria a la tierra de Israel. – 2da de Reyes 20-23

 

En el camino de la vida cristiana, uno como ser humano socializa con las personas que nos rodean, el socializar consta de interaccionar con distintos grupos sociales e individuos ya que es vital para el ser humano.

Pero, ¿que pasa cuando hay una ruptura con alguna de las personas con las que frecuentemente nos movemos socialmente? ¿Esa persona se puede volver «enemiga o rival» de uno? ¿Una sociedad puede volverse enemiga de otra por motivos religiosos?

Hay diferentes tópicos que pueden ser causar una rivalidad o distanciamiento entre dos personas o en una sociedad, algunos de estos son: Convicciones religiosas, ideologías, raza, clase social o simplemente por un mal entendimiento de ambas partes. A estas rupturas o quiebres las denominamos vulgarmente como “pelea o discusión”; que generan una disputa entre dos personas o si es entre grupos sociales pueden provocar una guerra. Y que pueden venir acompañadas de sentimientos como odio, ira, arrogancia y egoísmo, que pueden variar según la intensidad de la disputa, . ¿Pero cuando podríamos decir que una persona, grupo de personas o sociedad es oficialmente enemiga de uno?, bueno eso puede variar según las circunstancias, pero mayormente es cuando hay un desarreglo imposible o difícil de arreglar que trunque un acuerdo de paz o una tregua.

A todo lo que explicamos, ¿Cómo podríamos solucionarlo desde el punto de vista cristiano? a mi se me ocurrió explicarlo con los versículos que escribí arriba, que tratan de la historia de Eliseo. Anteriormente a que Jehová les imposibilitara ver al ejército sirio, lo que había acontecido fue que el ejército sirio había atacado el lugar donde se encontraba habitando el profeta, y entonces Jehová lo guardo del enemigo mandando un ejército de fuego y cegando la vista de dicho ejercito. Dios nos guarda de nuestro enemigo todo el tiempo, por ejemplo David había escrito en uno de sus salmos: Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores. Salmos 23:5. Ósea que Dios nos protege de la ira de nuestros enemigos; entonces si Dios nos protege de nuestros enemigos, ¿Qué parte nos toca a nosotros como seguidores de Cristo? Nuestro señor nos dice claramente que hagamos todo lo contrario a odiarlos:

«Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.» Mateo 5:44.

El odiar a nuestros enemigos es erróneo y además hace que suframos en silencio a causa de una persona o grupo que nos daño con su postura diferente a la nuestra o por diferentes motivos. Además cuando se está en plena contienda con un rival, no se suele pensar muy claramente lo que uno hace y ese enojo puede desembocar en otros pecados aun peores, haciendo un gran efecto domino imparable y que luego haga que sea mas difícil la reconciliación.

Como podemos ver con los diferentes grupos extremistas islamicos que hay alrededor del mundo (Ej. ISIS, Boko Haram, Al Qaeda), que odian a sus enemigos. Y ese odio los lleva a cometer matanzas en contra de Cristianos y Judios.

Por eso debemos aprender a poner la otra mejilla, perdonar y ser compasivos con nuestros enemigos como lo hizo Eliseo que les perdonó la vida, les dio alimento y bebida para luego enviarlos a Siria, siendo este reino rival de Israel hasta la actualidad.

Pudiendo haberse adjudicado una victoria pusieron la otra mejilla como diría Jesús en la nueva gracia.

También el ser guiados por el Espíritu Santo para saber que decisiones tomar, y saber de qué manera reaccionar o que debemos decir frente a una contienda es la principal ayuda para los que estamos en Cristo.

«Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.» Santiago 5:9

 

Evangelista Marcos Dominguez