Fue en marzo del 2010, que la última iglesia en Afganistán fue destruida sin embargo la pequeña comunidad cristiana persiste. La conversión del islam a otra religión es considerada apostasía y es castigada con la muerte para los varones y cadena perpetua para las mujeres.

Las leyes afganas manifiestan que quien abandona el islam está en peligro de anular su matrimonio, sufrir el rechazo de las familias y las comunidades, perder su empleo e incluso, la vida.

“No hay una iglesia visible en Afganistán, todos los creyentes afganos viven su fe en secreto”, manifiesta un informe reciente de Open Doors.

El último informe sobre la Libertad Religiosa Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos, indica que los hindúes, sikhs, bahais y cristianos representan sólo el 0,3% de la población de 32,6 millones. Explican que la mayoría de los cristianos eran musulmanes, pero se han convertido al cristianismo mientras vivían en el extranjero.

La mayoría de las fuerzas militares internacionales se han retirado de Afganistán, lo que les permite a los talibanes volver a dominar el país. Por ello, más de 11.000 civiles murieron en 2015. Unámonos en oración para pedir a Cristo la seguridad por el resto de la comunidad cristiana que aún persiste en el país.