LECTURA DE HOY: 2 SAMUEL 12:15-18

2Sa 12:15 Después de decir esto, Natán se fue a su casa. En efecto, Dios hizo que el niño se enfermara gravemente.

2Sa 12:16 David no comía nada, y se pasaba toda la noche tirado en el suelo, rogándole a Dios que curara al niño.

2Sa 12:17 Sus consejeros le pedían que se levantara del suelo y comiera, pero David se negaba a hacerlo.

2Sa 12:18 Al séptimo día, el niño murió. Los consejeros no se atrevían a decirle nada a David, porque pensaban: «Si cuando el niño aún vivía, le pedíamos que comiera y no nos hacía caso, ahora que el niño ya murió, es capaz de hacer una tontería». (TLA)

 

INTRODUCCIÓN

Lo que estamos viendo aquí, es una escena de la vida real del rey David. Si repasamos los instantes previos, David hizo todas las cosas mal. Se apoderó de una dama que no era su esposa. Mandó a matar al esposo de ella, porque ésta había quedado embarazada de David. Si sumamos algo más, esto podría ser que en tiempos de guerra, él no salió, cuando era su obligación como rey ir. La Biblia no lo registra, hablando de lo concerniente al rey David, decía que no hay registros de que ese día haya leído el libro de la Ley. ¿Por qué lo digo? ¿Acaso era una obligación del rey leer la Torá todos los días? La verdad es que sí era una obligación, impuesta por la ley Deuteronomista, veamos el pasaje al que hago referencia:

Deuteronomio 17:18 »Cuando el rey que ustedes nombren comience a reinar, ordenará que le hagan una copia del libro que contiene los mandamientos de Dios. Esa copia quedará bajo su cuidado, y deberá leerla todos los días. (…) TLA

 

DESARROLLO

UNA GRAN TRAGEDIA

Por si fuera poco pecar contra Dios y recibir las consecuencias de ese pecado, David ahora tiene que sufrir la enfermedad de un hijo recién nacido. Él prefiere hacer un ayuno, al parecer por varios días. Con eso esperaba obtener la compasión de Dios, para que sanara a su hijo. En la soberanía que Dios ejerce sobre el universo, hay muchas cosas que no podemos entender, como la enfermedad y muerte de un ser querido. Algunos dicen que no se le puede poner “nombre” a la pérdida de un hijo, como sí sucede con alguien que pierde a su esposa, “viudo” es la palabra que lo distingue. Cuando un niño pierde a sus padres, se lo llama “huérfano”. Esa tragedia “sin nombre” alcanzó la vida del rey David, por decisión de Dios, y como consecuencia de sus pecados. Por las cosas que hizo, y matizada por el

Antiguo Testamento, David tendría que haber muerto, sin embargo Dios decide perdonarlo. Para eso envía a Natán el profeta, no sólo para denunciar su pecado, a través de una tierna historia de ovejitas, sino para decirle que lo había perdonado.

2Sa 12:13 David le dijo a Natán: —Reconozco que he pecado contra Dios, y que he hecho lo que a él no le gusta. Natán le contestó: —Por eso mismo Dios te ha perdonado, y no vas a morir.

2Sa 12:14 Pero por haberte burlado de él, no vivirá el hijo que tuviste con Betsabé. (TLA)

Por supuesto que habrá una serie de tragedias familiares más, pero eso ya es para otro artículo.

 

UN PANORAMA “NEGRO”

Una tragedia familiar, suele traer con ella, una gran oscuridad, conflictos de todo tipo, desesperanza. Lo peor que nos puede pasar, es que perdamos la fe. ¿Quién no la ha pasado mal en esta vida? ¿Nunca has llorado como David y ayunado varios días? Una tragedia puede cambiar el rumbo de una familia. Por ejemplo, conozco a una buena familia, que le han sucedido cosas malas. Una enfermedad, una separación, hicieron que algunos de sus hijos se volvieran adictos a las drogas, al alcohol y al delito. Lo más llamativo, es que todos ellos eran cristianos. ¿Qué pasó, alguno o todos perdieron la esperanza? ¿Dónde quedaron las promesas de Dios, en el olvido?

 

NOSOTROS, VOLVEREMOS A VERNOS

Cuando alguien en nuestra familia se enferma y sabemos que le queda poco tiempo de vida, ¿Cuál es la esperanza? ¿Ninguna? ¿O echamos mano a las promesas de Dios? Si no perdiéramos de vista el hecho, de que estamos de paso, como forasteros o peregrinos, que se dirigen a la patria celestial, nuestras actitudes serían distintas. En vez de pensar en lo trágico que resulta perder a alguien (como todos mis abuelos, algunos tíos y tías, amigos y también mi papá) lo veríamos como quienes se han adelantado a la carrera y por fin llegaron, al destino eterno que es estar con Dios. Creo que en algunos casos, las personas que se habían enfermado, bajaron los brazos, se rindieron. No agotaron todos los recursos de la economía de Dios (no hablo de dinero), como por ejemplo “movernos” hacia donde Dios está haciendo milagros y sanidades. Aquí podemos contar con las campañas de nuestro hermano “Carlos Annacondia”, o algunas iglesias en las cuales ocurren milagros todo el tiempo. Preferimos decir: “Dios, si quiere sanarme, que lo haga aquí mismo”. Pero las personas que fueron sanadas en las campañas, tuvieron que “moverse”, salir de donde estaban. Dios hacía salir de un lugar a algún patriarca, para hablarle y de esa manera revelarle su voluntad.

 

CONCLUSIÓN

Si estás pensando que tu actual tragedia responde a un castigo divino a causa de tus pecados, nadie estaría con vida, porque todos nosotros, somos pecadores (no estoy negando que exista algún hecho puntual, en el cual haya consecuencias de un pecado cometido, pero sí vale la pena mencionar, que hay perdón en Cristo). Gracias a Dios, que la sangre de Jesucristo, es suficientemente eficaz para borrarlos. La cuestión es que todavía estamos en este mundo pecador, que tiene voluntades “distintas” a las de Dios. Hay opositores a hacer lo que a Dios le agrada. Lo que más le agrada a Dios, es que creamos en Jesucristo, el que Él envió, a causa de su amor infinito por nosotros. Las demás cosas que puedan surgir, que tienen una impronta de tragedia, son los medios por los cuales la Gloria de Dios puede manifestarse, o el medio para reencontrarnos con Él y con nuestros seres queridos, que nos están esperando. Hay que recuperar la fe en Dios y en sus Promesas. David hace un remate de esa situación trágica, cuando su niño murió, él entendió que no podría hacerlo volver, sino que él mismo se dirigía a su encuentro en la “otra ciudad”.

2Sa 12:23 Pero ahora que ya ha muerto, ¿qué gano con no comer? No puedo devolverle la vida, ni hacer que vuelva a estar conmigo. Más bien, algún día yo moriré e iré a reunirme con él. (TLA)

Todos, volveremos a encontrarnos…