LECTURA DE HOY: EZEQUIEL 16:4-6

Eze 16:4 El día en que naciste no te cortaron el cordón umbilical; no te bañaron, no te frotaron con sal, ni te envolvieron en pañales.

Eze 16:5 Nadie se apiadó de ti ni te mostró compasión brindándote estos cuidados. Al contrario, el día en que naciste te arrojaron al campo como un objeto despreciable.

Eze 16:6 “Pasé junto a ti, y te vi revolcándote en tu propia sangre y te dije: ¡Sigue viviendo; (NVI)

 

INTRODUCCIÓN

En otros dos libros de la Biblia se relata la historia de la esposa infiel. En Oseas es impresionante el matiz amoroso y tierno de Dios, que hace de Esposo engañado por su “tierna” esposa. En Jeremías también se relata esa historia de amor trunco. Y ahora es el turno de Ezequiel, que nos muestra el origen de esta mujer (símbolo de Israel). Desde la conquista a sangre y fuego de Canaán, luego la conquista del rey David cuando capturó Jerusalén. Vemos los inicios desde la nada misma, Dios los prospera, la ciudad la da la espalda a Dios, viene la caída y deportación, y la promesa de que Dios los restaurará. Ya sé, simplifiqué demasiado las etapas históricas de Israel mencionadas en el A.T. A pesar de los castigos de Dios sobre la santa ciudad, siempre orquestó los medios para que “siguiera viviendo” su amada.

 

DESARROLLO

EL DESAMOR

Ya desde el comienzo de los versículos que hemos leído al principio, puede notarse el abandono y desamor sobre una pequeña recién nacida. Nadie, en sus cabales, trataría así a su propia hija, u otro ser humano. Pero lo irracional se hace presente de ambos lados. Por un lado, la beba desamparada, y en segundo lugar, cuando ésta crece, abandona a su Esposo, mostrando el mismo desamor con el cual ella nació. Esta semana estuve hablando con un querido amigo, de cómo la mamá de mi amigo, aborrece a los dos hijos de éste. Una abuela que no quiere a sus dos nietos, y que toda la vida mostró un trato, con falta de piedad, hacia mi amigo. Pensaba en que tal vez ella NUNCA recibió amor. ¿Será posible que alguien no pueda dar lo que NUNCA ha recibido? Es probable.

Lo que nos cuesta aceptar, porque no llegamos a comprenderlo en su máxima expresión, es cómo una persona que nació en un ambiente de desamor, conoce al amor verdadero, que la acobija, la sostiene, la dignifica y le da una vida completamente feliz, le llegue a ser infiel, al que todo le ha dado. Pese a todo el amor que recibió de su amado, los cuidados, que sin ellos se hubiera muerto, cuando su primera condición fue la de “abandonada”. Ella no sabía lo que verdaderamente era el amor, hasta que fue conocida por Él, que la levantó de la calle, lavó su inmundicia, la engrandeció y amó con una determinada locura santa. Pero nada de eso le alcanzó a la pobre desdichada. Ella prefirió romperle el corazón a quien menos se lo merecía, a Dios mismo. Lo que Él más deseaba, era que ella “siguiera viviendo”.

 

LA CIUDAD INFIEL

Una de las cosas que más me sorprendió al leer Crónicas-Reyes, es que una y otra vez, el pueblo decididamente pecaba. Cuando un rey asumía, o era peor que su antecesor, o hacía las cosas más o menos bien. La cuestión es que dentro del sagrado templo de Jerusalén, había habitaciones que se destinaban a la prostitución (cultica), es decir, había mujeres “sacerdotisas” que se prostituían en honor a sus dioses. Esos dioses tenían sus propias estatuas dentro del templo de Dios, el Dios de la Biblia. El colmo de todos los males y de todas las profanaciones. Con una justa razón, Dios los entregó en manos de sus enemigos. Sufrieron el más espantoso de los males: “Dios los había abandonado”. Ya me había olvidado, que en el libro de Ezequiel, se relata cómo Dios abandona el templo, y un capítulo más adelante, nos relata cómo Dios abandonó también la ciudad. Varios capítulos más adelante, también relata la visión de cómo Dios vuelve a llenar con su Gloria el templo de la santa ciudad. Para darnos cuenta lo repugnante que resulta la idea de tener un prostíbulo dentro del templo de Dios, imagínate que en tu querida congregación, donde asistes los fines de semana, dentro de las instalaciones hay un prostíbulo en funcionamiento. ¿Qué harías si sabes que dentro de la iglesia funciona un lugar donde se ejerce la prostitución? ¿Qué culto verdadero se puede celebrar? Sería totalmente escandaloso, ¿No?

 

NOSOTROS

¿Te acuerdas en qué condición estabas cuando conociste a Jesús? Yo sí, y no era buena mi condición, sino todo lo contrario. Los años pasaron, como los de la beba abandonada, que luego se hizo doncella, se casó y le infiel a quien más la amaba; y es probable que nos hayamos olvidado de dónde nos sacó Dios. Él nos sacó de nuestra miseria, humana y espiritual, dándonos vida en abundancia. Él quiere que “sigamos viviendo”, de una forma sencilla pero profunda, amándolo a Él porque es Digno.

No te resultará muy extraña la historia de desamor de la beba abandonada por sus padres, porque en estos tiempos revueltos, hay NO pocas historias de bebés abandonados. Ella nunca recibió amor, ni siquiera estando en el vientre de su mamá. Fue rechazada desde su concepción, pero alguien se compadeció de ella. Lavó sus heridas, la vistió con linda ropa, la perfumó, la mandó a la mejor escuela, le dio la mejor educación, la llevó al médico, le dio mucho amor, pero ella NUNCA lo agradeció. ¿Es incapaz de amar? Puede ser, aunque también es probable, que el amor que ella nunca vio de sus progenitores, lo vio en su amado, y eso debería bastar para poder amar. Pero no alcanzó para que ella pueda amar de verdad. Frente a nuestros muchos fracasos, nos rodeó el impulso de no querer vivir más de esa manera. Pero Dios quiere que “sigamos viviendo”, ya no para hacer el mal, sino para hacer su voluntad.

 

CONCLUSIÓN

Espero nunca olvidarme de los momentos previos a conocer a Jesús. La intensa soledad, la culpa, una vida sin propósito, era lo que yo tenía antes de conocer a Jesús. Me sentía abandonado a mi suerte, sucio, sin dignidad y con ganas de morirme. Cuando Él se hizo cargo de mí, lavó mis heridas, me cuidó y amó como nadie. ¿Cuál fue el pago que Dios recibió por todo el bien que hizo por mí? Muchas veces MI indiferencia, una nueva multitud de pecados, obstinación, desamor, etc. ¿Te sientes identificado con mi breve historia? Si antiguamente sufriste el abandono, como el de esa beba, que luego fue adoptada, cuidada y amada. Pero que después, en vez de devolverle amor a quién la levantó de la calle, le devolvió el peor de los pagos, LA INFIDELIDAD. Pese a todo, igual Dios nos ama como nadie, y siempre está “mirando por la ventana”, para ver si su amada decide regresar. Él la espera porque la ama, no es porque haya bienes para repartir por un inminente divorcio. Tampoco la está esperando detrás de la puerta, para apuñalarla a traición o darle la “madre” de todas las palizas. Tampoco piensa en insultarla ni humillarla, sino decirle simplemente ¡SIGUE VIVIENDO! No importan los pecados, todas esas infames afrentas tienen perdón, únicamente en la sangre preciosa del Hijo de Dios, Jesucristo, ¡VUELVE!