LECTURA DE HOY: JUAN 11:47-50

Jua 11:47 Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales.

Jua 11:48 Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación.

Jua 11:49 Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;

Jua 11:50 ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. (RV 60)

 

INTRODUCCIÓN

En el capítulo 11 (hemos leído sólo unos pocos versículos) hay uno en particular, que ha sido de consuelo para muchas personas que han perdido a alguien amado “Juan 11:3 Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí EL QUE AMAS ESTÁ ENFERMO.” Por lo general no entendemos “la muerte” y pretendemos que algunas cosas son más “sagradas” que otras. Aun a las personas “buenas y amadas” por Dios, “les suceden cosas malas”. Lázaro, un amigo querido por Jesús, se había enfermado, y luego, por una “demora” de Jesús, muere. Pero aunque todo indique que ya es “tarde”, para Jesús, el Hijo de Dios, no lo es. Este es el centro del problema tratado aquí, que el poder de Jesús indica que él es el Mesías. Los religiosos sienten celos de Él, y no quieren que todos le sigan. Planean matarlo, a toda costa, por celos y por “proteger” lo más sagrado “el Templo y la santa ciudad de Jerusalén”. Recordemos que el Templo y la ciudad, finalmente fueron destruidos en el año 70 de nuestra Era, por los romanos, tal cual como los judíos de esta historia, temían.

 

LO MÁS SAGRADO

Para toda la nación de Israel de esa época, lo más sagrado era el Templo, y la ciudad amurallada, Jerusalén. Esto les daba la seguridad de que Dios estaba con ellos, que eran los “privilegiados” entre todas las naciones. Resulta que “Dios” vino a buscarlos, porque se habían perdido. De eso hablan las parábolas, del hijo pródigo, la oveja perdida, etc. Israel se había perdido, habían hecho alrededor de las Escrituras, como una especie de vallado, alejándose de ella, y prefiriendo los mandamientos de los ancianos. Les gustaba mucho el “culto y los rituales”, hacían con una precisión absoluta, que el sistema religioso funcionara (PERO, SIN DIOS). Eran puros adornos, derramamientos de sangre de animales, sin ningún sentido, porque se habían alejado de Dios. Por eso mismo, Dios, en la Persona de Su Hijo, vino a buscarlos, para salvarlos. Estaban de culto, y se perdieron a Jesús, EL CENTRO DEL CULTO. Era para ellos más importante el sistema religioso que les daba un determinado “status” social. Se sentían muy importantes al ser “diferentes” a los demás. Sus esfuerzos por buscar a Dios, eran totalmente “inútiles”. A Dios no les satisfacían tantos ritos religiosos, Él prefiere una relación basada en el amor, cosa que de parte de los judíos, no lo halló. Ya que estamos con la historia de la resurrección de Lázaro, él tenía dos hermanas, Marta y María. Esta última, fue la que ungió con un perfume muy, pero muy caro, los pies de Jesús. Esa sí era una relación profunda, de amor y de adoración al Dios verdadero.

 

NOSOTROS

Toda persona tiene en alta estima algo en particular. Para algunos es alguna estatua que representa a algún dios o santo. Otros tienen por sagrado un encuentro familiar en alguna de las fiestas de fin de año. No importa si durante todo el año ni siquiera se saludan, pero es “sagrado” ese encuentro familiar, una vez al año. ¿No es más importante una relación que una reunión anual? Puede ser que nos estemos engañando a nosotros mismos. Otros pueden anteponer una relación amorosa a una relación con Dios. Sea como sea, todos tenemos “prioridades”, anteponemos otras cosas, antes que una verdadera relación con Dios. Podríamos preguntarnos cuáles son las prioridades de la vida. Para muchos, una posible respuesta, podría ser “el dinero”, para otros, los amigos, la novia, la esposa, etc. Puede que nos hayamos olvidado que nuestro paso por esta vida, es “pasajero”, somos como peregrinos, que van hacia la patria celestial. ¿No es un buen momento para reflexionar en cómo nos estamos relacionando con Dios? ¿O a caso estamos de “culto”, pero nos estamos perdiendo a quien es el centro del culto, a Jesucristo?

 

CONCLUSIÓN

Un hombre amado por Jesús, que se enferma, muere, y 4 días después es resucitado por Jesús. Una mujer que derrama perfume a los pies de Jesús. Unos religiosos muy enojados con Jesús, a tal punto que planean matarlo. ¡Qué paradoja! Estar de culto y perderse al que es el centro de ese culto. Parece que es muy común en las personas, “irse por las ramas” y perderse las cosas importantes de la vida. Ese padre que vive trabajando, y pretende reemplazar su presencia con algún juguete muy caro. Esa mamá ausente que una vez al año lleva a sus hijos de vacaciones, a un lugar poco convencional. El esposo golpeador que le lleva a su bella (y golpeada) esposa, un ramo de rosas, a modo de disculpas por la paliza del día anterior, junto con la promesa, de que no volverá a suceder, etc. Somos una especie muy rara, como si estuviéramos “deformados” por la corriente del mundo y sus pecados. Porque valoramos las cosas que tienen un “valor superficial”, y no lo que de verdad vale la pena disfrutar. Las relaciones son más importantes que los regalos. Una rosa es mucho más linda y huele mejor, si no hay un contexto de malos tratos. El beso en la mejilla de un padre a un hijo, es mejor que las ausencias. Todo sabe mejor, si hay amor de por medio, que denota una relación genuina. Ahora, imaginemos una reunión en la iglesia, donde el centro de todo, no sean las luces del escenario, ni la elocuencia del predicador, ni la música, y mucho menos el dinero. Imaginemos que el centro de todo, sea “JESÚS”. Que nuestro plan, NO SEA MATAR A JESÚS por proteger nuestros vergonzosos valores “sagrados”. Él vino a nosotros, a buscarnos porque estábamos perdidos, ¿Ese no es suficiente motivo para entronizar a Jesús como lo más importante y sagrado de nuestras vidas?