Este no es un artículo del todo común, por el contrario, es un cuento que apunta directamente contra el Bullying, que nos afecta a todos. Trata la diversidad otorgada por Dios, creador de todas las cosas (puedes descargarlo desde este link, como una versión de audio experimental: https://drive.google.com/file/d/0B489dhjbv7zgYU9xdnJ3ZEZER3M/view?usp=sharing ). Todos juntos podemos fomentar una conciencia más sensible, sobre todo cuando involucra a nuestro prójimo. ¿Si a Dios le pareció bien hacernos distintos los unos de los otros, quiénes somos nosotros para burlarnos, no?

Lucy es una de las tantas hienas que habita la sabana africana. Como cada lunes, se reúne con los demás animales, ya que esa es la ley que impuso el rey león “Octavio” para debatir los problemas de convivencia. Cada día de la semana, era solamente de burlas, por las diferencias de colores y formas de los demás animales, ni el rey se salvaba de las risas que causaban su gran melena y la somnolencia que lo dominaba durante todo el día. Sus súbditos lo acusaban de ser “el rey de la vagancia”.

El guepardo (también conocido como “chita”) fue el primero en hablar, es uno de los animales más rápidos del mundo. Comenzó a decir que el perezoso era demasiado “lento”, y que su forma corporal no era muy bonita que digamos. Para cuando el perezoso quiso defenderse, los demás se cansaron de su lentitud, (por supuesto que todos se rieron). Habló el mono, diciendo: Es cierto que el guepardo es rápido para correr, pero también habla muy rápido y a veces no se le entiende lo que dice, además es demasiado “flaquito”. Respecto al perezoso, siguió diciendo el mono, es cierto lo que dicen de él. Ahora sí pudo defenderse el perezoso, diciendo que él no anda apurado por la vida, se toma las cosas con mayor tranquilidad, “yo soy feliz así, yendo despacito” agregó sin ningún apuro.

Lucy fue siempre el centro de las burlas, porque decían que ella era la más fea de todas, sus orejas eran grandes, y su risa muy particular era “grotesca y exagerada”. Su familia era la más castigada por la manada del rey Octavio, se disputaban la comida y el territorio. Pero ella nunca se defendía, todo esto era causa de mucha tristeza para ella y su familia. Nadie se daba cuenta que Lucy lloraba a escondidas, la acusaban de reírse raro, pero en realidad lo que más hacía era llorar. La hiena tenía tres hijitos chiquitos, que siempre jugaban con los demás animales de la selva africana. Para Lucy sus hijos eran los más lindos, no se fijaba en los defectos que los demás animales señalaban de los pequeñines.

El rinoceronte se rio de todos, haciendo un gran énfasis en su poderosa fuerza. Pero el camaleón, que a cada rato cambia de color, dijo que más bien se parecía a un tanque de guerra. El hipopótamo abrió su gran boca socarrona, para decir que nadie se animaba a meterse al agua con los temerosos cocodrilos, como lo hacía él. La serpiente se sumó a la discusión, para decir que nadie era tan astuta como ella, y que el hipopótamo era muy rellenito y vozarrón. La suricata hizo su aparición, diciendo que deseaba ser tan valiente como el león, el guepardo, el leopardo, el rinoceronte y el hipopótamo, para no tener tanto miedo, y hacer tantas horas de vigilancia, para que nadie se la coma. La jirafa, el animal más alto del mundo, defendió a los más pequeños, pero algunos de los que estaban allí, se comenzaron a reír de su cuello muy largo y de su ropaje con manchas parecidas a parches. Cuando la cebra quiso hablar, no la dejaron, todos se largaron a reír, cuando el mono dijo que se parecía a un caballo recién pintado con rayas. La suricata agregó que la cebra era como un televisor antiguo, porque se veía en blanco y negro.

Desde la mañana hasta la tarde que duró esa reunión, pudieron hablar todos los animales que habitaban la planicie y la selva africana, o casi todos, porque nadie se había dado cuenta, que la tortuga todavía no había llegado a la reunión, ella siempre llegaba tarde a todos lados. Sin embargo al llegar, la tortuga aprovechó para reírse “lentamente” del avestruz, dijo que se parecía a un “gorrión grande como un camello”. Se reía de él, porque sus patas y cuello no tenían plumas, y su cabeza era muy pequeña o su cuerpo demasiado grande. El avestruz se rió de lo lento que la tortuga hablaba, y porque a veces, también tartamudeaba. El perezoso dijo que la tortuga siempre llegaba tarde a la reunión de los lunes. La tortuga por su parte, dijo: ¡Mira quién habla! El perezoso replicó: Pero esta vez llegué primero que tú.

Interrumpió una elefanta, para decir que le gustaría ser de color blanco y negro como la cebra, ya que el color gris de su cuerpo era muy “aburrido y monótono”. Además la elefanta elogió al leopardo por el color de sus manchas y porque nunca la molestaba. El leopardo a su vez, elogió a la elefanta por su gran tamaño, y porque ella no tenía que salir a cazar, sin embargo dijo que “envidiaba” sus grandes colmillos.

El rey león Octavio, dictó una nueva ley, que decía: “Yo, el gran rey de la selva, ordeno por medio de la presente ley, que nadie puede burlarse de mí, ni por mi gran melena, y tampoco por mi gran sueño. A mí me gusta el pelo largo y dormir mucho. Pueden burlarse de ustedes mismos, pero si se burlan otra vez de mí o de mi manada, los castigaré severamente”.

Lucy, la hiena de la que todos se burlaban por su apariencia y su forma de reír, dijo en voz alta: Perdone su majestad si hago una objeción a su reciente ley. Pero me parece muy mal, que aparte de amenazarnos a todos si nos reímos de usted, les diga a mis compañeros de la selva, que se pueden burlar de los demás. Eso no está bien, porque hasta ahora nadie ha entendido, que Dios el Creador, nos hizo diferentes, unos de los otros. Nadie entendió que a Dios le gusta la diversidad. Por eso nos hizo petisos y altos, flacos y rellenitos, simpáticos y gruñones, con pelo lacio y ondulado, y de distintos colores. En fin, al Creador le gusta que seamos diferentes, y que todos nos aceptemos y amemos así, con nuestras diferencias. Espero su majestad, que en la reunión del próximo lunes, no nos burlemos de nadie, sino que nos felicitemos por todas nuestras virtudes, y si hay falencias, nos ayudemos entre nosotros para superarlas, he dicho. Todos los animales, incluso los que antes se burlaban de Lucy, la aplaudieron, y estuvieron de acuerdo en todas sus palabras. El rey león Octavio, se quedó muy pensativo, debido a las oportunas palabras de la hiena Lucy.

FIN