LECTURA DE HOY: ROMANOS 15:4 Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.

 

INTRODUCCIÓN

En la vida de cualquier individuo o comunidad, suelen ocurrir cosas que se “repiten” o que “cambian” a lo largo de la vida. Esto parece ser una constante, incluso para las personas de “otro” Pacto, como los del Antiguo o Nuevo. Hablo en términos de “personajes” bíblicos, teniendo en cuenta que las cosas que se escribieron antes, para “nuestra enseñanza” fueron escritas. Las cuestiones que a veces nos pueden confundir, son las que tienen que ver con la “cultura” y las que tienen que ver con la “doctrina”. Ya casi estamos en un Nuevo Año, y la esperanza que tenemos (o NO) es que TODO cambie. Decimos “ojalá que las cosas del año pasado, no se repitan”. Una depresión por “muchos” años, puede terminar con la vida de cualquiera. Lo mismo una adicción, la violencia de género, la desocupación, la soledad, pueden “desfigurar” nuestra vida o sociedad. El título de este artículo, es porque la “realidad” actual, necesita ser desafiada y transformada, por una futura.

 

UN AÑO TÍPICO EN EL “ANTIGUO TESTAMENTO”

Desde el comienzo de la humanidad, se puede ver cómo “lo bueno y lo malo” son parte de ella. El ser humano es “especialista” en hacer las cosas “mal”. Un año típico en la vida de Adán y Eva, puede ser “pecando” y así quedarse “afuera” del Jardín del Edén, perdiendo la vida eterna. Un año típico en la vida de Noé, es construir un gran barco, para salvarse él y toda su familia (esto pudo haber durado unos 100 años). Abraham siendo probado por Dios, al ofrecer a su propio hijo, Isaac, en el altar, para luego ser “el padre de la fe”. José, el soñador, preso por varios años, siendo un esclavo, para luego “gobernar” Egipto y salvar de manera “prodigiosa” a millones de personas. Podemos ver a Jonás recibiendo un llamado “evangelístico” del mismo Dios, pero a éste no le importó y se fue para el lado contrario. Esto traerá serias consecuencias sobre su propia vida, y terminará en el fondo del mar, pero dentro del vientre de un gran pez. Luego, irá a cumplir el plan de Dios, de predicar a una nación que estaba perdida. Ahora nos toca describir un año típico, de toda una nación. Israel está de culto, intentan adorar a Dios (ellos creen que lo están haciendo con éxito), pero parece que terminan adorando el Templo y sus rituales, o a la “tradición” de los ancianos. Un año típico en sus vidas, incluye la “injusticia social”, pisotear al prójimo, matar a todos los profetas de Dios en la santa ciudad de Jerusalén, etc. Pero en un año suceden cosas que marcarán su historia para siempre: Dios abandonó el Templo y la ciudad Santa. Su pueblo es arrasado por los enemigos, y son llevados al cautiverio por 70 años. En tierra lejana y ajena, escribirán canciones, de cuán desdichados son, y del por qué Dios los ha abandonado: El pecado que cometieron ellos al abandonar a Dios.

 

UN AÑO TÍPICO EN EL “NUEVO TESTAMENTO”

Había por lo menos “5 expectativas” acerca del reino de Dios y del Mesías prometido y anunciado por los profetas, veamos:

  1. LOS FARISEOS: ellos creían que si se cumplía la Ley (obedecerla), eso aceleraría la llegada del Mesías. Creían que quien sería el ejecutor a rajatabla de la Torá, sería el Mesías. El reino de Dios se haría presente a través del cumplimiento de la Torá. Jesús cumple con estas expectativas, pero no exactamente desde la óptica farisaica.
  2. LOS SADUCEOS: la mirada que éstos tienen acerca del reino de Dios, gira en torno al Templo de Jerusalén. Esto implica el funcionamiento del sistema sacrificial, los ritos, la celebración de las fiestas, etc. El mesías está ligado a lo institucional (para ello cuentan con que el Templo esté en pie y funcionando en su máxima expresión). Se lo puede ver a Jesús, purificando el Templo, y dando enseñanzas por medio de una higuera que él mismo había secado. Jesús también cumple con las expectativas de los saduceos, él es el Templo, dándole un resignificado a esa esperanza.
  3. LOS ZELOTES: ellos esperan a un libertador político-religioso-militar, o solamente político-militar. Esperan que a través de las luchas y las revueltas (por ejemplo, los Macabeos), se establecería el reino de Dios. Jesús establece una lucha espiritual, proponiendo un reino de entrega y de amor, no por la violencia física.
  4. LA COMUNIDAD DE QUMRAN: ellos son una comunidad del desierto, que busca la pureza. Sus expectativas acerca del Mesías son las de un sacerdote, que vendrá siempre y cuando el pueblo se santifique. Creo que uno de sus mejores representantes podría ser Juan el Bautista, que a través de mensajes persuasivos de arrepentimiento y bautismo, se preparan para la venida del Mesías y del reino de Dios. Jesús es el sumo sacerdote, que cumple estas expectativas y las resignifica. Ya que Él propone NO aislarse del mundo, sino vivir una vida santa en medio del mundo pecador, para ser la sal y la luz del mundo. Él es quien nos santifica por medio de su sangre, no es un mero esfuerzo humano por el cual se puede lograr, sino que es por la fuerza poderosa del Espíritu Santo.
  5. JUAN EL BAUTISTA: el último gran profeta del Antiguo Testamento, que anuncia la venida del reino de Dios. Según el modelo Bautista, el reino de Dios vendrá siempre y cuando el corazón del ser humano esté preparado. Jesús se identifica más con esta esperanza Bautista, la de preparar el corazón para el arrepentimiento.

Jesús además de cumplir con las 5 expectativas, las resignifica y las trasciende. Él es la Palabra definitiva de Dios. Él es el centro de todo, es quien hace posible que el hombre pueda relacionarse con Dios.

Podemos decir que eran tiempos de muchas expectativas. Hasta que un día, Jesús nació y las cumplió. Pero por 30 años, más o menos, NADA especial sucedió. Hasta que un día (o año)

comenzaron a acontecer MILAGROS, sin precedentes, como la resurrección de Lázaro, entre otros. Los ciegos de nacimiento recuperan la vista, los leprosos son limpiados, los endemoniados son liberados, etc. Todo esto indica, que el “el reino de Dios, está presente”. En otro año, “matan” al Autor de esos milagros, en 3 días resucita, está con ellos otro tanto de días, y luego asciende al Cielo con la promesa de volver. Otro año surge la comunidad llamada “IGLESIA”, de la cual somos parte. Un año Pablo persigue a la iglesia para destruirla, otro año se convierte y la protege, a tal punto que está dispuesto a dar su vida por ella. Un año es derramado el Espíritu Santo sobre la iglesia, cumpliendo así la profecía de Joel. Un año se comienza a perseguir a la iglesia, y matan a algunos discípulos, etc.

 

NOSOTROS

La mayoría de los pastores o líderes de iglesias, coinciden en esta afirmación: Las mujeres, son “mayoría” en las iglesias protestantes o evangélicas. También coinciden, en que ellas están “cansadas” de ciertas cuestiones que, año a año, se repiten en sus hogares. Ellas están a la “vanguardia” en muchas cosas. Deciden estudiar alguna carrera, o terminar el secundario. Trabajan todos los días, realizan actividades dentro y fuera de la iglesia, estudian, hacen las cosas de la casa y crían hijos (también al “marido” dicen ellas). Están “hartas” de que el marido, no tenga más expectativas que “echarse” en el sillón de la sala, para ver un partido de fútbol, mientras toma su bebida alcohólica preferida. Está sentado (o aplastado) sin hacer “nada” productivo. No terminó la secundaria, y no le interesa terminarla. No se compromete con la iglesia, y tampoco le interesa. Lo único que le importa, es ver “fútbol” y tomar alguna bebida “espirituosa” (a propósito, es lo único “espirituoso” en su vida). Así que el año menos pensado para él, su “amada” esposa, le pide el “divorcio”. Esto va a ser motivo, para que él “culpe” a Dios, de que NO lo ayuda lo suficiente. Parece que Cristo “encendiera” una “mecha” en la vida de las mujeres, que ahora sí pueden descubrir, que la vida tiene sentido.

Un año puede tener muchas cosas “malas” o por lo menos, contradictorias. Una pérdida familiar, que tiene cierto “poder” para hundirnos en una depresión. Pero si logramos salir de ella, puede haber nuevas oportunidades para conocer personas agradables. A propósito, voy a mencionar, como último tema de este artículo, a una “señora” que parece ser una “plaga” mundial, y es la “soledad” (no la que revolea el poncho, lol). Conozco a muchas (demasiadas) personas “solas o solitarias”, en el sentido del amor romántico. Lo que nos juega en contra, a los protestantes o evangélicos, es que lo “espiritualizamos” TODO. Creemos que va a ser un “ángel” del Cielo, quien descenderá con nuestro/a amado/a en sus brazos y le “ordenará” que nos ame para siempre. Damas y caballeros, si bien el matrimonio es una institución divina, pensada y orquestada por Dios, también se da en el “plano” natural. ¿Qué quiero decir con esto? Que también entran en juego, cosas como el “arte” de seducir, tomar un café, conocerse de forma “natural”, etc. Pero los seres humanos somos bastantes extremistas. O lo “espiritualizamos” TODO, o lo “carnalizamos” TODO. Si abogamos por esto último, vamos “directo a los bifes”. Es decir, antes de tomar el café, ya estamos teniendo sexo. Si lo “espiritualizamos”, no somos capaces de invitarle a la dama un café, y si lo hacemos, “ella que se pague su café, y yo el mío” ¿Pagamos a medias? (Le decimos con una sonrisa tonta). Con razón seguimos solos, otro año más.

 

CONCLUSIÓN

Puedo asegurarte, que yo no quería que este fuera un artículo más. Necesitaba relatar nuestras tristes y solitarias realidades. Así como me gusta decir la verdad de lo que dice la Biblia, acerca de sus propios personajes, me gusta decir lo que en verdad nos está pasando. ¿Cuáles son nuestras expectativas “reales” para este Año Nuevo? ¿Estamos dispuestos para que algunas cosas del año pasado NO se repitan? ¿Qué podemos hacer nosotros? Bueno, una de las cosas que podemos hacer, para terminar con la “señora llamada SOLEDAD”, lol, es invitarle un café, a una dama respetable y honorable, y pagar la cuenta nosotros (toda la cuenta). Por supuesto, ya sé que venimos orando por esto, así que ahora hay que poner “manos a la obra”. Nadie quiere volver a vivir las cosas del año pasado, mucho menos si estas fueron malas.

¿Cuáles son las expectativas “mesiánicas” que tenemos para éste año? Es decir, ¿Qué espero de Cristo o Él qué espera de mí? ¿Será que podré despegarme del sillón, de mi programa preferido y de mi bebida “espirituosa” para comprometerme con la Misión de la iglesia? ¿Será que este año sí voy a leer la Biblia para descubrir las enseñanzas que puedo poner en práctica? Creo que si hacemos estas cosas (y otras), todo puede mejorar o cambiar este Año Nuevo. Felicidades, vamos a salir de la crisis actual, para vivir en plenitud, como Dios quiere.