LECTURA DE HOY: ISAÍAS 49:15

Isa 49:15 Pero Dios respondió: «Jerusalén, ¿acaso puede una madre olvidar o dejar de amar a su hijo? Y aunque ella lo olvidara, yo no me olvidaré de ti. (TLA)

 

INTRODUCCIÓN

Cuando hablamos de Dios, es por aquellas cosas que Él mismo deja ver de sí. Es decir, de la revelación de Dios, que tenemos, no sólo en las Escrituras (la Biblia), sino también aquella que los teólogos denominan “la revelación general de Dios”, esto es, la creación de todas las cosas. Todos estamos de acuerdo que Dios es Espíritu, y no tiene sexo, ni masculino ni femenino. En la Biblia se nos muestra a Dios como Padre, entre otras muchas cosas. En el Antiguo Testamento, Él es el padre del Pueblo de Israel. Pero esa figura como Padre, llega hasta el Nuevo Testamento como el ABBA de Jesús, es decir “Papito”. De un Dios nacional, a un Dios individual. Jesús lo presenta como su Padre, y a través de su muerte y resurrección, nos da ese privilegio a nosotros, de ser “hijos de Dios”. Pero hay otras figuras de Dios, como por ejemplo el de una madre. Eso es lo que hemos leído, si una madre fuera capaz de olvidarse de su hijo, Dios nunca se olvida.

 

DESARROLLO

DIOS SE OLVIDÓ DE NOSOTROS

Hace pocos días, vimos en otro artículo denominado como “CESÓ LA DULCE MELODIA”, en el cual se relata cómo los judíos cautivos en Babilonia, habían colgado sus arpas, para no volverlas a tocar. La tristeza de haberlo perdido todo, hasta la libertad, los llevó a pensar, que Dios los había abandonado. Hay una expresión que me gusta mucho utilizarla por la fuerza que tiene. Esta es la siguiente: Lo impensado acababa de suceder, que Dios abandonó el Templo de Jerusalén y la santa ciudad. Por esta causa, el pueblo fue llevado cautivo a otro país, Babilonia. La santa ciudad quedó devastada, quemada por el fuego, recibiendo la burla de las naciones vecinas. ¿Por qué Aquel que los ama tanto permite que otra nación los someta al cautiverio? La verdad es que Israel se había olvidado de Dios. El mismo que los sacó del cautiverio en Egipto (más de 400 años oprimidos y esclavizados) había sido olvidado por sus propios hijos. Vamos a hacer la pregunta al revés, ¿Puede un hijo olvidarse de sus padres? Sabemos que en cualquier relación familiar SANA, ninguna de las dos preguntas tendría una respuesta positiva. Una madre jamás se olvidaría de sus hijos y viceversa. Pero en las actuales configuraciones de familia, abrumada por los problemas, un hijo hace de cuenta que sus padres no existen, y una madre (o padre) hace de cuenta que nunca tuvo hijos. Aunque todos sabemos que eso es imposible de olvidar, siempre se recuerda en el fondo del corazón. Uno sufre horrorosamente cuando esto sucede, y lamentablemente pasa muy seguido. Una madre abandona a su recién nacido en un basural, en la puerta de un desconocido, o en una comisaría, pero estamos seguros, que nunca podrá olvidarse de semejante acto. Aunque esto es posible en nuestra sociedad actual, Dios no ha cambiado, nunca nos olvidará o abandonará.

 

NOSOTROS

Seguramente nuestra situación es muy lejana, comparada con el exilio judío a Babilonia, o porque no hemos abandonado a nadie (o sí). Aunque hay formas modernas (y antiguas) de esclavizar a una persona, los dramas más comunes son los que nos afectan a casi todos los mortales. Las desgracias familiares, las riñas y pleitos en el hogar, las adicciones (por parte de padres e hijos), etc. Imaginemos por un momento a la mujer que sufre violencia por parte de aquel que juró amarla para toda la vida. Ella podría pensar “Dios no existe” o “Dios se

ha olvidado de mí”. No podemos culparla de pensar así, porque está agobiada y aplastada por su situación actual. Sí debemos hacerle recordar, todos aquellos que amamos a quien está sufriendo, que es IMPOSIBLE que Dios se olvide de ella. Por lo general, cuando perdemos algo que amamos hasta el infinito, nos sentimos devastados, solos, incomprendidos, renegamos de Dios, y lo hacemos culpable de nuestra situación. Pensamos que Dios, teniendo el poder para cambiar nuestra situación, antes de que pasara esa desgracia, al no hacerlo, eso es prueba suficiente de que se olvidó de nosotros, o que no le importamos lo suficiente. Pero déjame decirte dos cosas: 1- que Dios nos ama tanto, que entregó a Jesucristo en la cruz para que nosotros tengamos vida eterna. Creo que si fuéramos enemigos de Dios, Él no quisiera vernos por toda la eternidad (o nosotros, a quienes hoy consideramos como aquellas personas que nos odian, verlos con esa mirada de odio por la eternidad es algo impensado). 2- que no se ha olvidado de nosotros (y mucho menos, NO nos ha dejado solos). Jesús vino a esta tierra para morir y resucitar, revelarnos al Padre, y dejarnos su Espíritu Santo, para que esté EN Y CON nosotros. Si esto fuera mentira, Dios no estaría presente en este mundo. Pero la verdad es que me AMA Y ESTÁ CONMIGO Y CONTIGO. Está con nosotros a pesar de nuestros pecados. Porque no confiamos en nuestras acciones para ser santos o salvos, sino que confiamos en que la sangre de Jesucristo es suficiente para perdonar pecados. A esto, sumamos la acción del Espíritu Santo, para el proceso de santificación de nuestras vidas. No estoy afirmando que podemos hacer lo que queramos, pecar y vivir como si Dios no existiera. Dios no es indiferente a la maldad.

 

CONCLUSIÓN

Es probable que nos haga ruido la idea de Dios como madre. No tenemos problema en aceptar la figura de Dios como Padre, salvo que nuestro padre terrenal haya sido un desgraciado con nosotros. Además, hay otras figuras de Dios, como por ejemplo, la de Pastor, Guerrero, Roca, Juez, Torre, Libertador, etc. La figura de madre despierta lo más tierno del amor de Dios por su pueblo. No los dejó podrirse en Babilonia, sino que usó a un rey para liberarlos (Ciro), y así poder volver a la santa ciudad de Jerusalén. Volvieron para reconstruir sus casas, el Templo y las murallas. No fue un trabajo breve ni sencillo, tuvieron muchas oposiciones, pero lo lograron. No es fácil vivir la actual situación, me refiero a la tuya y la mía. No es fácil batallar contra los pensamientos, tales como: “Dios no existe, me abandonó, no me ama, o no le importo”. La Palabra de Dios es eficaz para cortar de raíz esas mentiras, porque si de algo estoy seguro, es que Dios nos ama y está con y en nosotros. Podríamos preguntarnos lo siguiente, ¿Fue Dios quien me abandonó o yo no lo he tenido en cuenta? Ahora que nos aprieta el zapato, renegamos de Dios, pero hay que reconocer, que en el fondo del corazón sabemos, que nos ama incondicionalmente. Nosotros podemos olvidarnos de muchas cosas, hasta las más importantes, pero Dios nunca podrá olvidarse de nosotros. Somos tan importantes, que dio la vida por nosotros, ¿Cómo es que entonces puede olvidarse de aquellos por los cuales dio la vida? Eso es imposible, Dios no ama, nos recuerda entrañablemente, amorosamente y está con nosotros ahora y por la eternidad.