LECTURA DE HOY: SALMOS 31:22

Sal 31:22 En mi confusión llegué a decir: “¡He sido arrojado de tu presencia!” cuando te pedí que me ayudaras. (NVI)

 

INTRODUCCIÓN

¿Quién no se ha confundido alguna vez? Podemos pensar en una situación embarazosa, en la que enviamos un mensaje de texto o de alguna red social, a otra persona que no sea el destinatario en el cual pensábamos al principio. La fila equivocada para el trámite de la oficina pública, luego de haber estado en ella más de una hora. Confundirse de medicamento, de condimento para alguna comida, sal para el mate o el té, en vez de azúcar, etc. Las confusiones pueden ser graciosas, dolorosas o trágicas. No sé cuál es la peor de todas las confusiones, pero de allí a pensar que Dios nos ha rechazado, creo que es mucho. En realidad a muchas personas de hoy en día, no les preocupa en lo más mínimo, aquello que se relacione con la fe o con Dios. Salvo esas veces que nos aprieta el zapato, cuando las cosas marchan mal, esos días que es deseoso olvidar. En medio de una confusión, parece que es normal hacer apreciaciones equivocadas o desacertadas, pero para quien padece un sufrimiento, es muy real y desesperante.

 

DESARROLLO

UN HONDO PESAR

Lo que hemos leído al principio, no es otra cosa que la oración de un creyente en tiempos de un hondo pesar. El salmista no la estaba pasando bien, por el contrario, está pidiendo ¡SOCORRO! ¿Cuándo es que pedimos socorro? ¿Cuándo hay un peligro de vida inminente? ¿Cuándo nos amenaza el desastre? ¿Cuándo hay un hondo pesar? Las cosas hoy no son fáciles, los cambios son tan rápidos y convulsionados, que consigo traen aires enrarecidos. Un salmo con pedidos de socorro, entremezclados de confianza. Por momentos el autor cree, que Dios lo ha abandonado.

 

LA VIUDA DE NAÍN

Hay cosas que no tienen nombre hasta el día de hoy. Al niño que pierde a sus padres, le dicen “huérfano”, a la mujer que pierde a su esposo, le dicen “viuda”. Pero a la viuda que pierde a su hijo, no se le puede llamar de otra manera que “desdichada”. En la ciudad de Naín había una viuda que estaba yendo a enterrar a su único hijo, y una multitud la estaba acompañando en su dolor. Ella sí que podría decir: ¿Dónde está Dios? ¿Dios se olvidó de mi? Soy viuda y mi único hijo está muerto, ¿Dónde está Jesús cuando más lo necesito? La verdad es que Jesús estaba allí, para resucitar a su hijo muerto. Pero no todas las veces hay una respuesta inmediata de Dios. Pedimos socorro, pero la ayuda no viene cómo ni cuándo la necesitamos, con la inmediatez del caso. ¿Será que Dios nos ha arrojado de su presencia?

 

NOSOTROS

Más de uno de nosotros, ha tenido que despedir a un ser querido, un amigo, hermano, papá, mamá, hasta la pérdida de una mascota nos duele en el corazón. En medio de esa desesperanza (para los cristianos es una ganancia, aunque dolorosa, porque alguien se nos adelantó en la carrera celestial), podemos caer presa de una gran confusión: Dios me ha dejado solo, o a Dios ni siquiera le importo. Esa cuestión es cierta sólo en nuestra gran confusión. Nosotros creemos que eso es verdad, que estamos solos, y que nadie escucha nuestros pedidos de auxilio. ¿No será al revés, que nosotros somos los que nos olvidamos de Dios? Porque Dios nos ha dado un recordatorio eterno, de que nos ama y somos muy importantes para Él. Somos el objeto de su amor eterno, Dios nos ama con extrema locura. Ese recordatorio no es nada más ni nada menos que la cruz de Cristo. Allí está la máxima expresión de amor de Dios, en que Él mismo se ofreció por nosotros, para darnos el auxilio que estamos necesitando.

 

CONCLUSIÓN

La confusión actual puede ser la peor de nuestra vida. El dolor puede ser extremo, como cuando perdí a mi papá, cuando yo apenas era un preadolescente. Ese dolor me hundió en una depresión profunda por varios años. Eso me llevó a uno de los días más gloriosos, CONOCER A JESÚS. Si por alguna razón confusa, piensas que Dios te abandonó o que no escucha tus pedidos de auxilio, no es así. Él es el primer interesado en tu persona y en tu familia. Creo que sólo es cuestión de tiempo, y Él enviará el consuelo que estás necesitando. Él no te ha arrojado de su presencia, por el contrario, Él te ha ATRAÍDO A SU PRESENCIA, por medio de Jesús y la fe que tienes en El. Puede ser que esa confusión y esa “certidumbre” (por cierto falsa), de que Dios se ha olvidado de ti, sean usadas para ACERCARTE MÁS A ÉL. Dios es un Dios cercano, NO LEJANO, y por amor hará que otra vez, tu mente se renueve y piense: Dios me ama, me ha elegido, santificado y cumplirá su fiel propósito en mi vida.