Cientos de miles de iraníes inundaron las calles a nivel nacional el lunes, en celebración del 40° aniversario de la Revolución Islámica. En los festejos no se encontraban los cientos de cristianos que no gozan de libertad de expresión.

“Por 40 años, el gobierno iraní ha promovido una mirada intolerante hacia el Cristianismo,” dijo Mansour Borji, director de Artículo 18, una organización humanitaria crisitiana iraní.

“Las administraciones han cambiado y los métodos fueron variando, pero el objetivo se mantuvo: restringir la influencia del Cristianismo en todas las esferas de la vida en Irán.”

En una profunda investigación sobre violación a los derechos humanos contra cristianos iraníes, se unieron las organizaciones Puertas Abiertas, Middle East Concern, Solidaridad Cristiana Mundial, y Artículo 18, en lo es la primera vez para una colaboración conjunta para darle más fuerza a la voz de los perseguidos.

Según el informe, los registros públicos dan cuenta de que 29 Cristianos fueron detenidos durante el 2018, por términos de entre 6 meses a 10 años (en casos de sentencia firme). Sólo 8 alcanzaron su libertad.

El reporte enfatiza que existen muchos cristianos detenidos indocumentados.

El Artículo 18 de la Convención Internacional por los Derechos Civiles y Políticos garantiza la libertad de religión, incluyendo el derecho a adoptar la fe que se elija personalmente, y a compartirla públicamente y enseñarla.

Irán ratificó lo establecido por la Convención Internacional en 1975, antes de la revolución de 1979, que acabó con 2,500 años de monarquía.

Pero los cristianos no son las únicas víctimas.

El último reporte anual de la Comisión Internacional por la Libertad Religiosa denuncia que en Irán, decenas de Sufis -musulmanes con creencias místicas- han sido encarcelados, multados o azotados; 90 Bahais -una doctrina salida del Islam que espera a otro profeta después de Mahoma- son detenidos simplemente por sus creencias religiosas; y 140 musulmanes Sunnis son perseguidos por las mismas razones en una nación donde 9 de cada 10 son Shias.

90% de los iraníes son musulmanes. La comunidad Bahai asciende a 300,000 personas. Se estima que los cristianos rondan en el mismo número, divididos entre los armenios tradicionales y las etnias asirias/caldeas y los protestantes evangélicos. Los zoroastrianos alcanzan a 30,000 y los judíos a 1,500.

Fuera de los Bahai, considerados una secta hereje, el resto son reconocidos por el gobierno y cuentan con 5 de los 290 asientos en el parlamento nacional.

Borji, quien se convirtió del Islam al Cristianismo en 1990 y se mudó a Inglaterra, dijo que los grupos registrados hace ‘alianzas obligadas’ con el gobierno. A cambio de privilegios para las comunidades de segunda clase, las autoridades pueden demostrar ‘coexistencia pacífica’.

El informe de los grupos de derechos humanos muestra que las mayores persecuciones las sufren quienes abandonan el Islam para abrazar una nueva fe. Si estas personas son arrestadas, los torturan para que reviertan su decisión; si no lo hacen, son acusados de evangelismo, actividades religiosas ilegales, y amenazas a la seguridad nacional.

Una vaga definición de ‘enemistad contra Dios’ existe también en el código penal de Irán, además de ‘insultar al profeta’, lo que se considera una pena capital.

La apostasía no está especialmente criminalizada, pero la Constitución específica que cualquier situación no cubierta por el Código Civil será juzgada por la ley Shari’ah.

Por más de una década, los nuevos convertidos evitaban asistir a los servicios religiosos en las iglesias. Algunas congregaciones que los recibían eran cerradas por el gobierno. Y en 2018 la persecución contra las iglesias caseras resurgió, dando como resultado más de 100 arrestos por semana.

Irán es considerado un país “peligroso” desde 1999, número 1 en violaciones a los derechos humanos y de libertad religiosa.

Puertas Abiertas lo posiciona en el 9° lugar, de la lista de países donde se persiguen a los cristianos,y advierte que el gobierno iraní considera a los convertidos como una amenaza de parte de occidente para minar el poder de la República Islámica.