AGUA QUE DA VIDA. Jn. 7.37, 38.

Una de las quejas que Jeremías tuvo que escuchar de parte de Dios, era que su pueblo había cambiado la bendición de Dios, por otras fuentes de “bienestar” (Jeremías 2.13). Se habían apartado de todo lo bueno, basado en una correcta relación con Dios, y ahora se encontraban saciando su sed en recursos hechos por ellos mismos, pero que los dejaban todavía con más sed.

En nuestros tiempos, parece ser que el cansancio y el estrés son una epidemia que parece invadir los ministerios cristianos. Los espacios, y las personas que son llamadas a bendecir a otros (llamado que es para todo creyente), se convierten en lugares secos, que no sabían ni a quienes ministran, ni a quienes deberían ser ministrados. ¿No será que estamos repitiendo el error de Israel, buscando vida, fortaleza, sabiduría, significado y propósitos, sin mantener una correcta relación con la fuente de agua viva?

El Señor nos dice que ríos de agua viva correrán por el interior de quienes crean en él, y brotarán aún para que otros tomen también. ¿y qué es creer en él? Es ir a él, tener una relación con él, y beber de esa relación para nosotros, y para quienes él Señor ponga en nuestro camino. El ministerio cristiano no se trata de hombres y mujeres que se desgastan, agotando sus recursos hasta quedar vacíos. Se trata de personas que dan de lo que beben a diario de su comunión con Dios. Nunca fue otra cosa, nunca debería serlo.

Si te agota el ministerio hasta el punto de querer dejarlo todo, es tiempo de revisar de dónde estuviste sacando fuerzas todo este tiempo. Y si descubrís que la fuente no era el río de Dios, es tiempo de romper los estanques que creaste, y dejar que otra vez el agua viva corra de por vos, y de vos hacia los demás. Y si estás sacando agua viva de tu relación con Cristo, dejá que esa agua siga corriendo, salpicando de bendición todo a tu alrededor.