Podemos leer en la Biblia “Yo los protegeré”. Is 46.3,4. Otras versiones dicen ” los salvaré” o “los libraré”. El concepto es el mismo: ante los peligros de esta vida, tenemos quién nos proteja.

La pregunta obvia es: ¿Por qué entonces le pasan cosas malas a los hijos e hijas de Dios? Mí respuesta, que pongo a consideración en base a que nunca Dios ha mentido ni lo hará, es que la protección prometida no tiene que ver con no afrontar las circunstancias adversas, sino con que a pesar de todo lo que nos venga encima, Dios no dejará que dejemos de alcanzar la meta eterna.

Así, la protección tiene mayores alcances que si sólo fuera protegernos de peligros de todos los días.
Dicho esto, debo decir que si bien Dios no evitará siempre que pasemos por cosas que no nos gustan, muchas veces lo hace. Nos va a sorprender quizás en los cielos la cantidad de relatos que escucharemos de parte de Dios mismo, y de parte de ángeles siervos suyos, sobre las veces que nos evitó peligros mayores, sin que la mayoría de las veces lo hayamos notado. Dios es bueno.

El que dijo que nos lleva adelante en su plan para nosotros, el mismo que aseguró que nos apoya, va con nosotros protegiéndonos de lo que pudiera evitar que ese propósito se cumpla. Eso debería alimentar nuestra fe, y apartar el miedo y la incertidumbre que como cadenas aprisionan aún a muchos creyentes.
Dios no promete que no pasaremos por el fuego de la prueba o las aguas de los problemas, pero si promete que saldremos de ellos porque él va con nosotros (Is. 43.2). Aún ante quien odia más nuestra vida, tenemos a alguien mayor peleando por nosotros (Jn. 4.4).

Y la mayor muestra de su protección es que él enfrentó el mayor obstáculo para el desarrollo de su propósito de salvarnos y hacernos sus hijos, al entregar a su Hijo en la cruz para abrirnos camino hacia su lado. Todo lo demás, los problemas presentes, las presiones y enfermedades, y aún los pecados que a veces cometemos, son nada para el que atravesó los cielos par salvarnos en el Calvario.

Tu Padre, quién te hizo, es quien te lleva, el que te apoya y también te protege. ¿Y por cuánto tiempo lo hará? “Yo mismo los seguiré llevando, hasta que estén viejos y canosos…”.
Él es fiel. Nos baste su fidelidad, pues ella será el motivo de nuestro gozo y el tema de nuestro canto por la eternidad.