Investigadores han descubierto una antigua inscripción en un anillo de bronce que se había encontrado hace 50 años, y que parecía tener relación con Poncio Pilato, el gobernador romano que ordenó la crucifixión de Jesucristo.

Haaretz reportó que el anillo en cuestión fue descubierto cerca de Herodion, en el Banco Oeste de Belén por el profesor Gedeón Forster de la Universidad Hebrea de Jerusalén, un poco después de la Guerra de los Seis Días en 1968-69.

El dueño del anillo había sido un misterio hasta ahora, sin embargo, durante un reciente proyecto de limpieza y un trabajo en una cámara especial de los laboratorios de la Autoridad de Antigüedades Israelíes, se encontró una escritura griega en el anillo, que se traduce ‘Pilatus’.

‘Pilatus’ es un nombre raro y vinculado al gobernador Poncio Pilato, quién se cree, gobernó Judá entre el año 26 al 36. Se cree que el anillo era usado para estampar documentos oficiales, tal vez por los agentes del gobierno o el mismo Pilato.

Descubrimientos previos acerca del gobernador famoso incluyen uno en 1960, una piedra donde estaba tallado el nombre de Pilato.

En el Nuevo Testamento, un indeciso Pilato es forzado a las demandas de la turba judía para crucificar a Jesús.

Su participación en la muerte de Jesús ha sido objeto de incontables análisis teológicos. El famoso evangelista de Carolina del Norte, Billy Graham, quién falleció en febrero pasado, dijo en el 2016 que Pilato cedió ante la presión cultural cuando decidió crucificar a Jesús, a pesar de creer que era inocente.

“Pilato quedará para siempre como un ejemplo de advertencia, de no ceder ante la presión de la multitud y darle la espalda a Jesús. Y eso puede pasarnos a cualquiera de nosotros,” dijo Graham.

Como explica Juan 19:12, Pilato temía que si dejaba libre a Jesús, lo acusarían delante de César, y por eso ordenó la crucifixión, para salvarse a sí mismo.

El autor cristiano Jerry Newcombe, escribió que el ‘crimen’ del que se acusó a Jesús no podía ser perdonado en la antigua Roma, el de ser un rey.

“La crucifixión era una forma horrible de morir. Era tan terrible que ningún ciudadano romano era condenado a esta tortura, pues estaba reservada para los esclavos y bandidos. Qué increíble entonces que el Hijo de Dios se convirtiera en hombre y se entregara a sí mismo para morir por su creación,” dijo Newcombe.