LECTURA DE HOY: MARCOS 9:21

Mar 9:21 Jesús le preguntó al padre: —¿Desde cuándo le pasa esto? El padre respondió: —Desde que era pequeño. (TLA)

 

INTRODUCCIÓN

Cuando mi papá entró en un coma irreversible, yo tenía unos 13 o 14 años. Salí por las calles de mi humilde barrio, en búsqueda de alguna ayuda “sobrenatural”. La mamá de un amigo me había contado, que a unas 15 cuadras de dónde yo vivía, había un “curandero”, que tal vez podría ayudarme. Caminé esas cuadras, y supuse que llegué a la casa indicada (no había un cartel que la identificara como la casa de un curandero), y golpeé las manos desde la vereda. Fue entonces que salió una señora muy amable, de mediana edad. Le pregunté si allí vivía o atendía el curandero. Ella respondió de forma afirmativa. ¿Qué andás necesitando pibe? Me dijo ella. Yo le respondí que necesitaba ver al curandero, para pedirle ayuda. Además le dije que no tenía dinero, pero que podía conseguirlo. Le conté que mi papá estaba en un coma irreversible, y necesitaba la ayuda del curandero. La señora con mucha ternura y amabilidad (creo que movida por la compasión) me dijo: Pibe, lo siento, pero en esto, el curandero no puede ayudarte. Agradecí la sinceridad de la dama, y me fui muy decepcionado, con lágrimas en los ojos. Imagínate que un preadolescente anda por las calles buscando ayuda para su papá, se agota el tiempo y la vida de mi papá ¿Quién de los dos necesita más la ayuda?

 

DESARROLLO

UN NIÑO NECESITADO

Lo que antecede a esta historia, es que el mismo Jesús había manifestado su naturaleza divina en el monte, delante de unos pocos discípulos. Uno de ellos sugirió quedarse a vivir allí. Los tres ven que Elías y Moisés hablan con Jesús. Bajó a ese lugar una nube, que de ella se oyó una voz: «Este es mi Hijo, yo lo amo mucho. Ustedes deben obedecerlo.» (Marcos 9:7, TLA). Luego de estas cosas, ellos bajaron del monte, para ir hacia donde estaban el resto de los discípulos. Cuando llegaron se encontraron que algunos maestros de la Ley discutían con los discípulos. El motivo era que no pudieron echar fuera un demonio, que atormentaba a un niño. El padre de este pequeño, lo había traído para que lo ayudaran, pero nadie pudo. Pero ahora está Jesús, que momentos antes mostró su gloria, y él sanaba a casi todos. Cuando el espíritu malo vio a Jesús, el Hijo de Dios, sacudió al niño violentamente, y cayó como muerto.

 

UN PADRE NECESITADO

Necesitado y desesperado, esa es la cuestión de un padre, que desea más que nada en el mundo, que su niño reciba la ayuda que está necesitando. Se corrió la fama que un tal Jesús anda sanando, pero en ausencia de éste, están sus discípulos, así que ¿Qué podría salir mal? Los discípulos lo intentan, pero el niño empeora cada vez más. Por fin llegó Jesús al lugar, ahora hay esperanzas. Pero algo atípico sucede, que en vez de poner manos a la obra, Jesús hace la pregunta que leímos al principio del artículo: ¿Desde cuándo le pasa esto? A lo que el padre respondió: —Desde que era pequeño. El padre además relata la gravedad del asunto “el espíritu malo siempre ha querido matarlo, y lo arroja al fuego o al agua”.

Sino prestamos la atención adecuada, se nos pasa por alto que hay una PROGRESIÓN en el relato. PRIMERO el padre del niño dijo: TRAJE A TI MI HIJO. Además de explicarle a Jesús (¿Seguro que Jesús necesita de una explicación o él lo sabe todo?) la enfermedad y posesión infernal del niño, agrega que los discípulos NO PUDIERON ayudarlo. SEGUNDO, en el versículo 22, dice algo que demuestra una progresión antes mencionada: AYÚDANOS. Ya no es “traje a ti mi hijo”, sino que ahora es “ayúdanos”, en plural, eso lo incluye al padre y al hijo. No sólo el hijo necesita la ayuda, sino también el papá. TERCERO, ante la afirmación de Jesús, de que “Si puedes creer, al que cree todo le es posible”, el padre responde: “Creo; ayuda MI incredulidad”. Ya no es “TRAJE A TI MI HIJO”, ni tampoco “AYÚDANOS”; ahora se trata de “MI”, esto es “ayuda MI incredulidad”. Por supuesto que el final de la historia es muy bueno, ya que Jesús, no sólo bendice y sana al niño, sino que también tuvo un trato personal con el papá de éste.

 

NOSOTROS

Cuando nosotros, tú y yo, pedimos a Dios por alguna necesidad que atraviesa otra persona, estoy seguro que nosotros también necesitamos de Dios. Una de las cosas que abundan en las iglesias, es ver a los líderes, o especialmente al pastor, como “UN MODELO TERMINADO”. Éstos queridos ministros o líderes, se presentan a sí mismos como personas “INFALIBLES”, que nunca pecan. Son esos que tienen, en apariencia, la familia perfecta, al estilo de “la familia Ingalls”. Los que se levantan a orar a las 4 de la madrugada, los que leyeron toda la Biblia unas cien veces, etc. Ese modelo “ficticio” de esos que “nunca” pecan, pueden hacernos sentir frustrados, de un modelo imposible de alcanzar. El único MODELO terminado es JESUCRISTO. Me refería a todo esto, porque a pesar de que algunas personas parecen NO NECESITAR DE NADIE, no es así, todos necesitamos, los unos de los otros, y de Dios. Nos podemos quejar de que los demás son los que siempre están en falta (y te aseguro que te creo, porque esto me pasa más veces que las deseadas). Pero a pesar de esas quejas, ¿Tú y yo, no necesitamos cambiar en nada?

 

CONCLUSIÓN

Cuando me quejo de que mi prójimo es “insoportable”, porque contesta mal, le falta el respeto a una docente, trata a los demás con desdén, siempre hace comentarios “superadores”, como si éste fuera superior a todos. Cuando tiene la habilidad de dar vuelta una situación, donde éste es el “malo de la película”, pero finalmente queda como “víctima”, cuando éste es quien no saluda, pero luego aparece lleno de hipocresía, saludando con una gran sonrisa, para aparentar delante de los demás, de que es “una buena persona”, etc. A pesar de todas esas quejas que son reales, de las cuales Dios es nuestro testigo, yo estoy seguro de algo: YO ESTOY MÁS NECESITADO QUE ESA PERSONA. Si estás dudando en los ejemplos anteriores, si corresponden o no, a una misma persona, y además real (no hipotética), la verdad es que sí, me sucede ahora, y en este mismo momento me doy cuenta, de que YO NECESITO MÁS. Jesús seguramente está interviniendo ante esos serios problemas por los cuales oramos. Además Él quiere tener un trato personal con nosotros, que somos “los buenos” de verdad. Espero que tengamos la misma “progresión” que tuvo el padre de la historia de hoy. Que PRIMERO es “TRAJE A TI MI HIJO”. SEGUNDO, AYÚDANOS. TERCERO, ahora se trata de

“MI”, esto es “ayuda MI incredulidad”. No dejemos de orar por el otro, pero reconozcamos de una vez, que nosotros también necesitamos la ayuda de Jesús. Gracias a Dios, que Él nos perdona, nos ama, nos escucha, y estoy seguro que ayudará al otro y a mí también. (Dedico este artículo a todas las personas sinceras que buscan ayuda para otros, y para sí mismos. Además se lo dedico a un querido amigo, Fernando Saini, ya que fue él quien mencionó esta historia hace pocos días, inspirándonos a pedir ayuda a Dios).