Kiara se dirigía a la iglesia con su madre, cuando una moto chocó con su auto. La adolescente sufrió un grave daño cerebral, y los médicos no solo tuvieron que reconstruir su cráneo, sino también extirpar una sección del hueso cuando su cerebro comenzó a hincharse.

Estando en coma, los médicos les dijeron a sus padres que esperaran lo peor y que estuvieran listos para despedirse. Eran 48 las horas de vida para Kiara, sin embargo, sus padres nunca perdieron la esperanza y creyeron que Kiara se recuperaría. Su fe ha dado sus frutos pues la adolescente está viva.

Hasta ahora, ella va en recuperación. Ya ha sido capaz de leer, escribir su nombre y pararse sobre sus pies, pero aún hay un largo camino hacia su recuperación. Sus padres se dieron cuenta de que, si no fuera por Dios, el resultado podría haber sido diferente.

Por su parte, el padre de Kiara, Richard Mun-Gavin, pastor en una iglesia cristiana en Sudáfrica, agradeció profundamente a sus amigos y hermanos. “Toda la gloria le pertenece a Dios. Pero también doy gracias a los hombres y mujeres que me apoyaron en constante oración en los momentos difíciles”, cuenta Richard.

Cada mañana, con sencillez y una sonrisa alegre, Kiara susurra suavemente un “gracias Dios por un nuevo día”. Ella reconoce a sus padres; quiénes están orando para que su hija se recupere por completo. Un milagro digno de compartir.