La Iglesia debe salir a las calle llevando el mensaje de salvación a una humanidad que se pierde.

Todas las estrategias son buenas cuando se trata de alcanzar la palabra redentora a cada hombre y cada mujer.
Renovemos los esfuerzos y animemos a los que todavía no siente en su corazón el deseo de llegar a los perdidos con una palabra de fe, o un gesto de cariño que nos permita abrir la puerta de la confianza para transmitir lo que un día el mismo hijo de Dios vino a dar y es esa palabra de fe que dice: “Yo he venido para que tengan vida y que la tengan en abundancia”.

Estamos orando ante una crisis, donde una ola de depresión invade a muchos hogares. Es un momento oportuno de volver de donde provenimos ¿Cómo fueron nuestros comienzos v cómo estamos ahora? Tal vez en el camino se nos fueron prendiendo abrojos que ahora se transformó en un peso y una molestia a los que nos rodean y no nos dimos cuenta que ya no corremos libremente.

Cada crisis es un tiempo de oportunidad, y esta es la nuestra, donde podemos aprovechar para ganar todo lo que el enemigo nos robó y volver a escuchar la voz insistente del apóstol Pablo que desde la Biblia nos reclama “Te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti”.

Una de las recomendaciones que encontramos en la Palabra de Dios es que estemos en paz con todos, siempre y cuando eso dependa de nosotros.

Hoy en día, hay tal nivel de hostigamiento y violencia que es difícil cumplir con este pedido. También debemos saber esto: “que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos”. Podemos manejar nuestros impulsos internos para lograr estar en buenas relaciones con los que nos rodean, pero que complejo es llevarnos bien cuando nos responden con alto nivel de agresividad.

Necesitaremos una enorme cuota de amor y comprensión para una situación de esta naturaleza.
Jesús decía “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da”.

Al éxito siempre lo vemos muy lejos de nuestra realidad diaria, es fácil creer lo bueno que le puede ocurrir a otros, pero llevado a nuestra vida encontramos un océano que nos aleja de lograr lo mismo en nosotros.

Prediquemos a Cristo y su mensaje de amor, anunciemos que en momentos tensos su paz se puede hacer presente en una sociedad que esta violenta. En Dios hay una gran cuota de esperanza, pero es una esperanza bien fundamentada.

Muchos hoy necesitan una intervención divina en sus hogares y finanzas, compartamos lo que nos llena de tanta confianza a la hora de recurrir en nuestras crisis y es la oración. Tenemos mucho para compartir, tenemos mucho para dar y lo sabemos, compartamos a Cristo.